ASOCIACIONESMOLINA

¿Tradición o retroceso? Las fiestas de Molina y los pasos atrás para las mujeres

foto articulo Mujeres con NOmbre
Cartel facilitado por la Asociación Mujeres con Nombre para acompañar este artículo de opinión.

Reinas, damas y manolas regresan a las Fiestas Patronales de Molina de Segura. Lo llaman tradición. Hay tradiciones que merecen ser conservadas. Y hay otras que, antes de recuperarlas, deberíamos preguntarnos por qué desaparecieron.

Artículo de opinión

Jessica Millán Muñoz
Presidenta de la Asociación Mujeres con Nombre

Logo

Molina vuelve a mirar a tradiciones que desaparecieron hace décadas

Las Fiestas Patronales de Molina de Segura de 2026 llegan con novedades. Algunas pueden ser motivo de celebración, de encuentro y de participación ciudadana. Pero hay otras que merecen al menos una reflexión.

Molina de Segura recupera este año las Reinas y Damas de las Fiestas, una tradición que desapareció en 1989. También recupera la figura de las manolas, animando a mujeres y jóvenes a participar en los actos religiosos con mantilla negra.

Pero ¿qué estamos recuperando exactamente?

Porque detrás de una corona, de una banda, de una mantilla o de un desfile también existe una historia. Una historia en la que las mujeres no ocupaban el mismo lugar que los hombres. Una historia en la que muchas veces se esperaba de ellas que fueran bonitas, discretas, decorativas y acompañantes.

Y esa historia también forma parte de nuestro pasado. La cuestión es si queremos que forme parte de nuestro futuro.

El problema no es la corona. Es lo que representa. Y cuando recuperan una figura históricamente vinculada a la representación estética de las mujeres, tienen también una responsabilidad: explicar qué significado tiene hoy.

Porque no podemos hablar de igualdad y, al mismo tiempo, recuperar sin ninguna reflexión crítica modelos que históricamente colocaron a la mujer en un segundo plano.

Qué modelos de mujer se vuelven a poner en el centro

No se trata de prohibir la tradición. Se trata de no disfrazar de igualdad aquello que nació desde la desigualdad. Estamos hablando de los modelos de mujer que una institución festiva decide poner en el centro. Porque precisamente cuando la tradición de la Reina de las Fiestas dejó de celebrarse en 1989, la sociedad estaba cambiando. Los concursos de belleza y las figuras destinadas a representar institucionalmente a las jóvenes fueron perdiendo protagonismo frente a modelos de fiestas más participativos e igualitarios.

Treinta y siete años después, decidimos recuperarlos. En 2026 ya tenemos nuevas reinas y damas. Y se anuncia que la tradición ha vuelto para quedarse.

Después de décadas de avances en materia de igualdad, resulta legítimo preguntarse si necesitamos recuperar precisamente aquello que dejamos atrás.

¿De verdad no habíamos encontrado nada mejor que recuperar? No es una pregunta contra las niñas, jóvenes o mujeres que participan. Ellas no son el problema. El problema es una sociedad adulta que decide qué símbolos quiere colocar delante de ellas.

No todas las tradiciones son inocentes, y desde el feminismo llevamos décadas cuestionando los roles que históricamente han colocado a las mujeres en un lugar determinado: bonitas, elegantes, decorativas, sonrientes, acompañantes.

Por eso, recuperar la figura de las reinas de las fiestas no es una cuestión menor. No porque una mujer no pueda querer ser reina. Por supuesto que puede. El problema es que una sociedad igualitaria debería preguntarse qué estamos premiando y qué estamos transmitiendo a las generaciones más jóvenes.

Porque los avances en igualdad no consisten únicamente en que las mujeres puedan estar presentes. Consisten en que puedan estar presentes en igualdad de condiciones y no limitadas a determinados papeles por razón de sexo.

La participación de las mujeres en las cofradías

Y vuelven las manolas.

Algo parecido sucede con otra de las novedades que rodean estas fiestas: el llamamiento de la Hermandad de la Virgen de la Consolación para recuperar la presencia de mujeres y jóvenes vestidas de manolas en los actos religiosos de las Fiestas Patronales de 2026, recuperando la mantilla negra y la vestimenta tradicional.

Y nuevamente debemos preguntarnos: ¿qué significa recuperar esta figura en la Molina de 2026? Porque la historia no puede contarse únicamente como una sucesión de bonitas estampas tradicionales.

Durante mucho tiempo, las mujeres no pudieron participar en las cofradías en igualdad de condiciones. No podían vestir el hábito de nazareno ni portar los pasos. Su presencia quedaba relegada a funciones de acompañamiento, como manolas o camareras.

Y existe además una cuestión especialmente significativa: los códigos de vestimenta asociados tradicionalmente a las manolas han sido extraordinariamente rígidos, regulando desde el largo de la falda hasta el escote, el maquillaje o los accesorios.

El propio proceso de recuperación de las procesiones a finales de los años 80, tras el llamado “apagón” de veinte años, supuso también una transformación profunda de las cofradías. Las mujeres comenzaron a incorporarse como cofrades con plenos derechos y las nuevas generaciones empezaron a participar activamente como nazarenas y portadoras, vistiendo la túnica y el hábito de sus hermandades.

Eso no fue un regalo. Fue una conquista. Fue un cambio histórico.

Costó que dejáramos de considerar que había espacios reservados para los hombres y otros para las mujeres. Y eso se llama avanzar.

De acompañantes a ocupar espacios de responsabilidad

No fue fácil. Fue consecuencia de décadas de cambios, de mujeres que ocuparon espacios que antes se les negaban y de reformas de los estatutos y reglamentos para garantizar la igualdad.

Hoy, en Molina de Segura, las mujeres forman parte de las juntas de gobierno, participan como nazarenas, portan tronos y ejercen incluso responsabilidades como presidentas. ¿Por qué entonces volver a poner el foco en una figura que históricamente representaba precisamente el papel pasivo y ornamental de las mujeres?

En la Región de Murcia existen, además, ejemplos de mujeres que llevan décadas abriendo caminos. Por ejemplo, en Cartagena, la Cofradía Marraja fue pionera a nivel nacional al nombrar a la primera mujer presidenta de una agrupación en una fecha tan temprana como 1970. Además, colectivos como la Asociación de Mujeres Cofrades de Cartagena (fundada en 2005) han sido fundamentales para presionar en la reforma de antiguos usos.

Y en Murcia, en 2026, en el Cabildo de la Catedral de Murcia, que dotó de un reglamento oficial a los históricos estantes de la Virgen de la Fuensanta que regularizó formalmente por escrito la participación de las mujeres como portadoras, acabando con siglos de tradición exclusivamente masculina en el eje central de las romerías de la capital.

Son avances que deberían hacernos mirar hacia adelante. No hacia atrás.

Logo

Porque cuando una mujer consigue entrar en un espacio del que históricamente estaba excluida, el objetivo no debería ser devolverla al papel que ocupaba antes.

Las fiestas también transmiten valores

Quizá por eso estas novedades de las Fiestas Patronales de Molina de Segura merezcan algo más que una fotografía en el periódico. Porque las fiestas son cultura, identidad y memoria. Pero también son una forma de transmitir valores. Y cuando las instituciones recuperan determinadas tradiciones, están decidiendo qué parte de nuestro pasado queremos poner nuevamente en escena.

Y por eso resulta preocupante que, en un contexto político en el que la derecha y la ultraderecha están recuperando discursos sobre la familia tradicional, los roles tradicionales de mujeres y hombres, y una determinada idea de mujer, nuestras fiestas también comiencen a mirar hacia atrás.

Porque los retrocesos no siempre llegan con grandes discursos. A veces llegan vestidos de mantilla. A veces llegan con una corona. A veces llegan acompañados de la palabra “tradición”.

Porque los pasos atrás casi nunca se presentan como pasos atrás. Se presentan como tradición. Como cultura. Como costumbre. Como “lo de toda la vida”.

Pero no todo lo que se hizo durante mucho tiempo merece ser recuperado. También las mujeres tenemos memoria. Y recordamos lo que costó conquistar espacios que durante siglos se nos negaron.

Por eso resulta paradójico que, mientras seguimos reclamando igualdad real, conciliación, corresponsabilidad, presencia de mujeres en los espacios de poder y eliminación de los estereotipos de género, recuperemos símbolos que nacieron precisamente en un contexto donde la mujer tenía un papel mucho más limitado.

Entre la imagen femenina y otros referentes posibles

¿Por qué cuando pensamos en mujeres para representar nuestras fiestas recuperamos con tanta facilidad la reina, la dama o la manola? ¿Por qué seguimos asociando la representación femenina a la imagen, la belleza, la elegancia, la vestimenta y el acompañamiento? ¿Por qué cuesta tanto imaginar otros referentes?

No queremos borrar la tradición, queremos transformarla. Este no es un alegato contra la cultura, contra la religión ni contra las fiestas patronales; es una reivindicación para que la tradición no se utilice como excusa para volver a colocar a las mujeres en lugares que durante años hemos luchado por abandonar.

El problema no es la mantilla ni la corona; el problema aparece cuando la tradición sirve para recordar a las mujeres cuál era “su sitio”.

No queremos que nuestras hijas hereden únicamente las tradiciones de nuestras abuelas. Queremos que hereden también las conquistas que nuestras abuelas, nuestras madres y tantas mujeres antes que nosotras hicieron posibles.

Porque una sociedad que avanza no necesita renunciar a su historia. Pero sí necesita saber qué parte de esa historia merece repetirse y cuál debería quedarse definitivamente en el pasado.

La pregunta que queda para la Molina de 2026

Y este 2026, cuando Molina recupera sus reinas y vuelve a llamar a sus manolas, quizá sea un buen momento para preguntarnos, como sociedad:

¿Estamos recuperando una tradición… o estamos recuperando también los roles de género que tanto nos costó superar?

El verdadero paso atrás sería permitir que, bajo el nombre de tradición, volvamos a colocar a las mujeres en el lugar del que tanto nos costó salir.

Y por eso, ante las Fiestas Patronales de Molina de Segura de 2026, queremos lanzar una pregunta que no pretende dividir, sino hacer pensar:

¿Qué Molina queremos dejar a nuestras hijas: la que recuerda a las mujeres dónde estaban o la que les demuestra hasta dónde pueden llegar?

Jessica Millán Muñoz
Presidenta de la Asociación Mujeres con Nombre

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba