MOLINA

¿¿Normales??

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Alejandro Bernal

Repasando mentalmente vivencias personales no he podido evitar preguntarme diversas cuestiones, como, por ejemplo: ¿Soy normal? ¿El Tourette me hace diferente al resto? ¿Si no soy como los demás qué tengo que hacer para que me vean como a un igual? ¿Debe importarme ser aceptado por las personas consideradas “normales”?

Con los años he percibido que en la sociedad existe una idea generalizada de normalidad que se ha impuesto casi sin darnos cuenta. Un concepto preconcebido que genera rechazo por todo aquel que, por sus circunstancias, modo de ser o enfermedad condicionante, presenta diferencias ante el resto. 

Parece que el que es diferente está destinado a sufrir rechazo, indiferencia o incluso un trato distinto al usual. En mi caso personal estoy acostumbrado a miradas recriminatorias cuando tengo que hacer tics en un sitio público. Recuerdo una vez que fui al cine con un buen amigo y empecé a hacer un tic debido a un momento de emoción de la película, una mujer que estaba con su hijo al lado nuestro (comentando la película en voz alta) empezó a mirarme mal. Al contárselo a mi amigo se mosqueó bastante y me dijo que estaba cansado de chistarle a los dos y que si me hubieran dicho algo él me habría defendido, porque ellos sí podían haberse mantenido callados mientras que a mí me era muy difícil contener mis sonidos.

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Aunque por experiencia considere que hay un modo de pensar generalizado sobre lo que es normal y lo que se sale de esos límites, creo que en el mundo hay todo tipo de personas con su propia personalidad y forma de ser o estar. 

A juicio mío no todo es blanco o negro, aunque una gran parte de la sociedad así lo crea y de ahí que esté tan extendido a la hora de hablar lo que es bueno y malo, lo que está bien o mal y lo que es normal o no. ¿Cuántas veces habéis oído decir aquello de: “Lo normal y corriente es…”?

Debido a mi especial condición he podido explorar el día a día de los considerados no normales y he descubierto, con gran sorpresa y a veces tristeza cuando no impotencia, que sus sueños, proyectos, deseos, ilusiones, ansias… son los mismos que los de cualquier persona de a pie, pero eso sí, con un montón de trabas, dificultades y condicionamientos. Así que no nos engañemos, la IGUALDAD todavía no ha llegado, a la INCLUSIÓN le falta recorrido y tenemos tareas pendientes relacionadas con cómo se educa a los niños para que desde su más tierna infancia no excluyan a los que tienen necesidades especiales. Sólo involucrándoles en su vida crecerán con el concepto de que todos tenemos cabida en la sociedad, seamos como seamos. Puedo aseguraros que los “no considerados normales” son personas maravillosas, excepcionales, cariñosas y muy agradecidas con cualquier gesto que se les dedique.

Os invito a reflexionar sobre lo ya dicho, y en cuanto a mí, estoy agradecido por tener el DON del Tourette, que, si bien, me ha posicionado en el lado menos comprendido de la sociedad, también me ha permitido entender la vida y a las personas de un modo único y especial.

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