MOLINA

Con la primavera llegaban las grandes campañas de la conserva

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Paco Ayuso

Si tomáramos una fecha de referencia cuando en Molina de Segura dejaron de echar humo más de la mitad de las chimeneas de nuestras conserveras, tendríamos que trasladarnos a hace 30 años. Aquella primavera de 1994, en lugar de comenzar la gran temporada veraniega, albergando las amplias campañas del albaricoque y melocotón que daban trabajo a más de un millar de trabajadores desde mayo hasta las fiestas de Molina en septiembre ininterrumpidamente, en aquel mayo del 94, los que fueron encargados de aquellas macro campañas conserveras les tocaba ahora descargar a mano los últimos camiones que entraban en la fábrica como últimos trabajadores supervivientes. La incertidumbre, las huelgas, las protestas, los esfuerzos del ayuntamiento por salvar la conserva, era mientras la imagen de una Molina con mucho miedo. Incrédulos, sus habitantes y trabajadores conserveros veían cómo caía un monstruo de la industria molinense. Esto conllevó que, a la crisis que vivió el país, el final de la década de los noventa dejó a más de un millar de molinenses sin trabajo y sin ingresos. En algunas casas, más de un miembro de la familia trabajaba en la conserva; de la noche a la mañana, se quedaban sin nada.

Las brutales deudas que acumulaban las principales firmas (Prieto y Los Feos), la fuga de fábricas a otras poblaciones como La Molinera tras las disputas de José Hernández, que creó Comuna en 1986 en Las Torres de Cotillas, o las de Ángel Prieto en la empresa del famoso logo del Pinocho, trasladando su rama a Blanca con Prieto Papel y Prieto Metal en 1990, dejaron el clan roto.

Recordamos la historia y las campañas de la conserva

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Antes de que esto pasara, la conserva vivió un gran esplendor. Comenzó su impulso a finales de los años 50, para que ya en los 60, Molina de Segura albergara hasta 33 fábricas, entre las pequeñas y grandes conserveras. En los años 70 llegó el gran boom: la conserva que se fabricaba en Molina se vendía en todo el mundo, coincidiendo con el regreso de los inmigrantes de principios de la España de los setenta, donde ya se había acabado el trabajo para los españoles en Alemania y Francia. Esta circunstancia haría que no faltara mano de obra en las fábricas ante la gran demanda que necesitaba nuestra industria. Molina de Segura dobló su población en diez años, con la llegada de gente, especialmente de pueblos de Granada, Jaén y Albacete, para trabajar y afincarse en Molina de Segura.

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Si nos centramos en los años 70 y 80, tocaba su techo como decimos; todo lo que se fabricaba se vendía, facturaciones de cientos de millones en las firmas principales como La Molinera, Hernández Contreras (Los Feos), Industrias Prieto, José María García Gomariz (Alcurnia o César como se le conocía) y Máximino Moreno eran las cinco gigantes cuyas facturaciones sumaban miles de millones, entre todas, de las pesetas de hace 40 y 50 años. Reclutaban miles de empleos directos y otros miles indirectos. Ni que decir tiene que movía otros sectores como el transporte, cuna también en Molina de Segura y las fábricas de envases metálicos.

El calendario de las campañas en la conserva

Temporadas Campañas
Mayo a junio Albaricoque
Julio a septiembre Melocotón
Septiembre Pera
Octubre Pimiento
Noviembre a febrero Naranja
Marzo y abril Alcachofa

En mayo comenzaban las campañas más alegres del año, cuatro meses de trabajo sin parar. En marzo y abril se había fabricado la alcachofa, pero esta campaña no daba trabajo para todos. Con el final del mes de mayo llegaba la gran campaña del albaricoque, que ya empalmaba en julio con la del melocotón hasta septiembre. A estas campañas se les unían los estudiantes, que en vacaciones arrimaban el hombro al seno familiar comenzando a trabajar en las fábricas en los veranos, por supuesto en los peores puestos, pues en la fábrica de conservas, cuando debutabas lo hacías desde abajo, y por supuesto pasar por algunas que otras novatadas como marcaban las reglas con los principiantes. Pero aquellos duros veranos, cuando a las cinco de la mañana las calles de Molina se convertían en un inmenso hormiguero de su gente que iba a sus fábricas, unos a Prieto, otros a La Molinera, otros a Los Feos, otros a Maximino u otros a César, para que a las 6 de la mañana, cuando arrancaban las máquinas, entre legañas en los ojos, todo el mundo ya se encontraba en sus puestos para el inicio de un duro turno de trabajo. Como ángeles celestiales, se esperaba deseosos ver entrar a los compañeros del turno de la tarde, a las dos menos cuarto. Como típico de la época, cuando una mujer se casaba, el último día de fábrica antes del enlace, las compañeras le rompían el babi a tiras cuando entraba al turno de trabajo.

Pero el duro esfuerzo de aquellos interminables turnos de verano tenía su gran recompensa en septiembre, cuando el mismo día que comenzaban nuestras fiestas, las fábricas pagaban los ansiados atrasos, que eran la única forma de paga extra. Hacían que aquellos sufridos trabajadores de la conserva llevaran la cartera llena para reír y gozar en las fiestas. Como aliciente para los estudiantes con la vuelta a las clases, los jóvenes volvían al estudio con ganas de devorar los libros, ya sabían lo que era trabajar en la fábrica, una motivación extra para estudiar.

En 1987 caía la prestigiosa fábrica de envases metálicos dependiente de la conserva, Sánchez Rex, mientras que La Molinera dejaba de producir. Aquella que pocos años antes se anunciaba en televisión española había trasladado sus instalaciones a Las Torres de Cotillas, ahora con la firma de Comuna.

En 1990, antes de chocar la conserva contra el gran iceberg, con el estallido de la primera guerra de Irak, la conserva molinense, con su fabricación de platos preparados, tuvo un protagonismo crucial, cuando a tres turnos fabricaba los botes de ternera, de albóndigas, de lentejas… para mandarlo a la población iraquí.

Tras aquellos años de alegría, coincidiendo con el 500º aniversario del descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón, llegaba el año 1992, el de las olimpiadas de Barcelona y de la Expo de Sevilla. Aquel derroche tuvo sus consecuencias que llevaron a una crisis en el país, crisis que coincidió con el principio del hundimiento de la conserva en Molina de Segura. En 1987, como decimos, comenzó a dejar de producir La Molinera. José Hernández Pérez, tras disputas, marchó antes de su fallecimiento en 1988 a Las Torres de Cotillas con la firma La Comuna. En 1992 la campaña de la naranja firmó su última gran campaña en Prieto y Hernández Contreras, llegando a tener tres turnos, pero paralelamente las deudas, los infinitos préstamos bancarios, las malas gestiones, las disputas familiares con el traslado de fábricas a otras poblaciones tras separar sus vínculos y clanes, el boom de fabricar en Marruecos era el nuevo camino que había tomado la conserva. Una tras otra iban cayendo y desapareciendo, Prieto y Hernández Contreras a la vez, como también sus filiales Primor o El Gladiador, como La Española (sector del metal) junto a Fini y los congelados, frente a la Mercedes, estas últimas de la firma Prieto. Aguantaron el tirón Maximino Moreno hasta el nuevo siglo antes de ser el Museo Mudem, aunque esta ya trasladase parte de su producción a Ceutí, en La Nuka. Alcurnia también aguantó el tirón hasta nuestros días, donde ya a pequeña escala, aún se sigue fabricando ahora, la mermelada, pero esta también trasladó su gran producción a la cercana localidad de Alguazas. Lozano cerraría años después. Así fueron cerrando una tras otra todas las fábricas de conservas en Molina de Segura, donde en la mayoría aún quedan sus solares. Aquellas que llegaron a tener 33 firmas, aquellas que nos bautizaron como cuna de la conserva en este país treinta años antes, y que ahora, otros treinta años después, se cumple el principio del fin de una Molina, de la caída de las conserveras en Molina de Segura.

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