CULTURA

Un futuro no muy lejano

Una utopía realizable.

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Paco Tortosa

Al otro lado de la ventanilla había un cielo estrellado, los pueblos y ciudades a lo lejos sólo reflejaban un leve resplandor. En el autobús apenas se escuchaba algún leve ronquido y suaves murmullos de conversaciones en la madrugada. El vehículo nuevo era un modelo de última tecnología que combinaba el hidrógeno verde con la electricidad proveniente del sol. Faltaban unas pocas horas para llegar a su destino.

Jesús se impacientaba esperando en la cafetería de la estación de autobuses, junto al aparcamiento a las afueras de la ciudad. Habían aprovechado los terrenos de una vieja fábrica que solo había servido para crear una población de diabéticos en aumento para construir un gran aparcamiento cubierto y vigilado,  una estación intermodal,  paradas de taxis y alquiler de bicicletas, monopatines y sillas eléctricas. En la ciudad apenas se circulaba con otra cosa. Su amigo iba a sorprenderse mucho con tanto cambio. Hacía diez años que no estaban juntos.

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Tras abandonar la autopista el autobús dio tres cuartos de vuelta a una redonda y enfiló directo a la entrada de la diáfana estación de autobuses. Al bajar solo se olía la suave fragancia del azahar. Y eso que a menos de doscientos metros pastaba una majada de cabras. Con la separación y recogida de pluviales había agua de sobra para cuidar de toda la vegetación de la ciudad. A Jesús le faltaba cara para ubicar la enorme sonrisa que se le dibujó al ver bajar a su amigo. Se fundieron en un abrazo, se hicieron las preguntas de rigor, y volvieron a abrazarse. Había que recuperar el tiempo.

-¿Vamos?, ¿Y tu coche?

– Está por ahí -le dijo Jesús señalando hacia el aparcamiento- pero casi no lo uso. Vamos en micro-bus. Ya verás.

En pocos segundos estaban en la parada de micro-buses a la vez que llegaba uno de ellos desplegando la plataforma de subida. Esta plataforma pensada para personas con poca movilidad servía para que cualquier usuario subiese sin esfuerzo al vehículo. Enseguida se dirigieron al centro. Calles amplias, limpias, poco tráfico, buenas sombras. Caminantes relajados, patinetes, bicicletas asistidas, triciclos eléctricos, y otros vehículos pequeños era lo que se cruzaban en las calles. Cuando un usuario pulsaba el botón de parada el micro-bus paraba para que bajase, recogía algún pasajero  si lo había y continuaba la marcha. En pocos minutos estábamos en nuestra parada. Plataforma sin ruido ni vibraciones y a tierra. Asfalto verde y aceras amarillas al mismo nivel. No hay bordillos pues no son necesarios y solo servían de barrera. Patinetes, bicicletas y otro vehículos circulaban a baja velocidad. 

– Oye, ¡que tranquilidad! Nadie excede el limite de velocidad. No hay ruidos. Me parece increíble.

– Si, lo parece aunque aquí ya estamos acostumbrados. -respondió Jesús- La mayoría de los vehículos son municipales y están controlados. Hay inhibidores de velocidad. Y sobre todo educación. Un poco de educación vale mucho más que muchas multas.

-No se ven coches aparcados en las calles.

-La gente no suele meter el coche en la ciudad a no ser que tenga que descargar algo. Que es raro pues casi todas las tiendas te ofrecen un servicio de entrega gratuito.

-¿Y los que tienen garajes?

– Se les convenció para que les diesen otro uso. De hecho los grandes aparcamientos del centro cambiaron el uso para utilizarse como grandes salones de conferencias, ferias etc. Y les va bien pues ahora ganan bastante más.

– ¡Las calles están superlimpias!

– Si jaja. Hay verdaderas competiciones para ver quien tiene la fachada y la puerta más limpia. ¡El ayuntamiento te premia con una rebaja del IBI! A los niños y a los adultos se les ofrecen charlas de educación ciudadana en las que se les convence que las calles son suyas y por lo tanto hay que cuidarlas. ¡Y funciona!

-¡No veo ni colillas!

-Casi no se fuma, está mal visto. Los pocos fumadores que quedan fuman en su casa.

Fumar se ha convertido en algo tan intimo como defecar por lo que no se hace en la calle.

– Veo perros, Sin embargo no hay cacas ni meados en las esquinas.

– Se decretó que tener un animal encerrado sin posibilidad de hacer sus necesidades era maltrato. Por otro lado la gente se hartó de tanta suciedad, tanto mobiliario urbano destruidos y malos olores por todos lados. La gente empezó a sensibilizarse y enseñar a los perritos a hacer sus cositas en casa. Y digo perritos porque ya casi no se ven perros grandes en ciudad. Los pisos son demasiado pequeños para un animal grande y eso empieza a considerarse también maltrato. Ahora los perros salen a pasear y no a ensuciar.

-Veo muchas pequeñas tiendas.

– Si. Al hacer una ciudad mas amable con el ciudadano a la gente le gusta mucho más caminar por lo que aprecia el comercio de proximidad. Ahora se vende mucho más a granel. Un cucurucho de papel es mucho menos nocivo que una bolsa de plástico o una bandeja de porexpan.

-¡Vaya! ¡Que bien!

Estaba anocheciendo por lo que la iluminación nocturna comenzó a ponerse en marcha. Pequeños leds iluminaban las aceras. Iluminaban bien sin deslumbrar y permitían ver las primera estrellas que iluminaban el firmamento.

-¡Que maravilla! Parece que estuviésemos en pleno campo.

-Si. Fuimos la primera ciudad premiada por descontaminación lumínica. Ahora muchas se han sumado a la iniciativa. ¿Te vienes al río?

-¿Ahora?

– Si, te va a gustar.

-Vale pues.

Y se dirigieron al río pasando por un viejo subterráneo iluminado. Al salir del subterráneo una tira de leds en el suelo les guiaba. Cada pocos metros una lámpara en el suelo, que no deslumbraba en absoluto, iluminaba los alrededores. Las lámparas se iban encendiendo cuando te acercabas a la vez que se apagaban cuando te alejabas. La luz de las estrellas ayudaba a guiar sus pasos. A unos cien metros del subterráneo comenzaba una arboleda. Un bosque de ribera  surcado por senderos. Se escuchaba el sonido del agua no muy lejos. Olía a aire limpio. Oxigeno. Se escuchaba un mochuelo. 

-Oye, ¡Como os pasáis! ¡Les habéis puesto lucecitas a los arbustos!

-Jajaja -Jesús no pudo evitar la carcajada-  No son lucecitas ¡Son luciérnagas!

– ¿De verdad? ¿Como habéis podido conseguirlo? ¡Estaban casi extintas!

-No fue fácil, como casi nada, pero se dejó de fumigar, de contaminar y poco a poco la vida se fue recuperando. Alguien propuso traer alguna y repoblar. ¡Y funcionó! Tenemos la ribera de río con la mayor diversidad de la península. Insectívoras, anátidas, murciélagos, rapaces diurnas y nocturnas, galápagos, reptiles y anfibios, mariposas. Todo abunda. Es un placer. Si te fijas hay un montón de mimbreras creciendo junto al agua. Tenemos una de las mayores industrias del mimbre de Europa. Nuestras cestas compiten con el plástico ¡Y le ganan!

-Se oyen como cascadas.

-Si. El cauce se divide cada cierto tiempo en varios arroyos que riegan el bosque de ribera. Con las choperas se amortiza el gasto y el resto va creciendo. En el cauce hay cada pocas decenas de metros un pequeño salto de unos diez centímetros para oxigenar el agua. Los peces que remontan el río lo pueden saltar fácilmente.. 

Esto podría ser una historia de ciencia ficción, pero no lo es. La verdad es que todo lo contado podría ser cierto y actual. Tenemos la tecnología sólo hace falta un poco de voluntad, un poco de dinero y algo de imaginación. Yo aporto la última.

■ Paco Tortosa

La Tina de Cosa

C/Antonio Lacarcel, 9

968711363 – 616759560

Molina de Segura.

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