CULTURA

El traje nuevo del Emperador

Firma paco tortosa

Estimado lector, supongo que recordarás el citado cuento de Andersen. Por si no es así, permíteme hacer un breve resumen:

Había una vez un Emperador muy presuntuoso que oyó hablar de unos sastres muy famosos que tejían con un tejido maravilloso que era el más fino y delicado del Imperio. Solicitó que le hicieran un traje y estos comenzaron el trabajo no sin antes advertir que el tejido solo sería visible para las personas que no fuesen imbéciles. Y allí trabajaron ambos sastres en su tejido especial. El Emperador por más que se esforzaba no veía nada, pero por vergüenza nada dijo. Envió a dos ministros a ver el trabajo y estos que ya conocían el secreto de la tela volvieron ensalzando a los sastres, el traje y el tejido, aunque estos nada vieron, no quisieron ser tomados por imbéciles. Llegado el día del desfile, el Emperador fue vestido en el invisible traje (para los imbéciles).Y salió a las calles. Todo el mundo vio al Emperador desnudo, pero nadie se atrevió a decir nada por miedo a parecer un imbécil.

De pronto un niño gritó: -¡Va desnudo! Y la multitud comenzó a cuchichear. Surgieron algunas risas y al final el Emperador tuvo que recorrer los últimos metros a toda prisa.

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La moraleja de este cuento podría ser: “No tiene por qué ser verdad lo que todo el mundo piensa que es verdad.”

Y de esto trata el presente artículo.

Continuamente nos vemos bombardeados por noticias y publicidades que simplemente son mentiras. Repetidas hasta la saciedad se convierten en “verdades” que todo el mundo acepta.

Ejemplos:  

“El mal olor se camufla con perfume” Por ejemplo, la peste a tabaco. Mentira, claro.

“Sacar el perro a pasear” cuando en realidad los sacas a cagar y ensuciar las calles.

“Alimentos Bío u orgánicos” Un engaño. Los mejores alimentos son “los de toda la vida”: sin manipular.

“El agua embotellada es más sana” Otro engaño. El agua embotellada ni es sana ni ecológica. Genera mucha basura por sus envases y destruye nuestro sistema inmunológico.

“Protegemos la huerta” Claro, después de haberla destruido.

“Regadíos”  Sí. Regamos el secano  o los campos de golf. Y le llamamos ecología.

“Enseñanza gratuita” Díselo a esas familias que no llegan a fin de mes cuando empieza el curso.

“Concertados” Da igual que se trate de educación o sanidad, se trata del mismo engaño. Un servicio más caro y menos eficiente que pagamos entre todos para enriquecer a unos pocos.

“La joya de la corona” En nuestra ciudad se llama Sercomosa. Limpia poco, pero habría que darle un premio a esparcir mierda con sus sopladoras. Y otro por la contaminación acústica que provoca. Cuantas más máquinas compra, mejor para sus dirigentes.

“Fiesta nacional” Una costumbre bárbara que solo sirve para llenar los bolsillos de terratenientes sin cultura.

“Publicidad engañosa” Aquella que promete lo que no puede dar. Por ejemplo, la felicidad. Igual que la que provoca la envidia o el engaño.

“El fútbol es deporte” Mentira. El fútbol es un negocio que se aprovecha de la ignorancia de los seguidores. Los equipos no representan ni su nombre Y la importancia que se les da en los informativos es inmerecida a no ser (es) que se use para domesticar a las masas. 

“Artesanal” Se le llama con esta denominación a procesos que utilizan productos industriales y solo se dedican a mezclarlos.

“Odontología”  Su predicamento es que todos tengamos los mismos dientes igual de emparejados. Error. Nos quitan la personalidad de la sonrisa. Cuando se trata de arreglar una pieza que falta tiene que destruir todas las que la circundan. ¿Qué clase de mecánicos de coches son estos individuos? Todo por la pela.

“F1 y otras competiciones” Un desperdicio de medios y combustible que solo sirven para contaminar. Exhibiciones aéreas como la de San Javier incluidas. Se habla de investigación, pero solo es una mentira más.

“Plástico de un solo uso” Dicen que luchan contra el plástico con medidas prohibitivas, pero a la vez obligan a servir el aceite, la sal, el azúcar, las salsas, etc. en monodosis contaminantes. Absurdo.

Y así hasta donde queramos llegar, o hasta que nos cansemos. Vivimos en una sociedad de mentiras donde no se investiga para mejorar la vida de las personas, sino para convertirlas en clientes (véase las farmacéuticas). Se incentiva la mentira y la envidia. Y la población se deja engatusar. Una pena.

No les pido que piensen como yo. Con que piensen me conformo.

Por supuesto, agradezco sus comentarios y críticas. Pueden dirigirse a mis teléfonos o e-mail.

Gracias por leer. 

Una Pasarela a ninguna parte

Queridos lectores, en primer lugar, gracias por seguir este medio en el que escribo y por leerme. Gracias por comunicaros conmigo y aportarme ideas. Sin vosotros todo este esfuerzo no tendría sentido.

Tras la publicación de este artículo han sido numerosas las personas que me han escrito tanto para informarme de casos de barreras arquitectónicas como para informarse sobre el tema de la pasarela. Todas las consultas han sido convenientemente respondidas.

Hay un caso particular: Un concejal del Ayuntamiento involucrado en el proyecto se puso en contacto conmigo y amablemente se ofreció a ser entrevistado. Tuvimos una conversación de más de 90’ donde me dejó claras dos cuestiones:

1- La pasarela era imprescindible para la aprobación del proyecto.

2- Como se trata de fondos Europeos, al 80% no nos iba a costar casi nada.

Saquen sus propias conclusiones. La pasarela sigue siendo un objeto inútil, caro y feo.

El dinero Europeo es de todos. No tenemos derecho a despilfarrarlo.

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