SALUD

¿Qué nos pasa a los jóvenes?

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Alejandro Bernal

El otro día leí una noticia cuyo titular rezaba: “Aumenta la preocupación por la salud mental de los jóvenes españoles”.  El 59,3% afirma haber sufrido algún tipo de trastorno y lo que es a mí no me sorprende para nada. 

A mi parecer, conforme vamos creciendo y avanzando en nuestra vida, nos encontramos con nuevos retos que superar y amplias expectativas por cumplir, no solo académicamente sino también en nuestra vida en general. Y no me malinterpreten, eso está bien, pues nos ayuda a forjar nuestro carácter, conocer nuestros puntos fuertes, superar obstáculos, esforzarnos por lo que queremos y demás. Ahora bien, creo que el problema llega cuando no sabemos gestionar lo que ese proceso nos hace sentir al no conseguir aquello que se espera de nosotros y es entonces cuando nos puede la presión.

Considero que vivimos en un mundo donde se nos exige ser el mejor en todos los aspectos de nuestra vida, o por lo menos destacar, tanto en los estudios, como en el trabajo, en nuestra vida persona, etc.… Y la verdad es que no tenemos por qué. Muchas veces he pensado mal de mí mismo por no tener un empleo, por no saber conducir, por no ser más lanzado… en fin, por no ir al ritmo que se supone que debo ir. De hecho, he llegado a creer que no era un hombre de provecho, que no era alguien válido, y esos pensamientos, ese sentir, ese no estar a gusto conmigo mismo, pesa demasiado, sobre todo después de haber sido ninguneado en mi adolescencia (época de gran relevancia para cualquier joven).

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Dejando mi caso aparte, hay otras razones por las que un joven o una joven puede llegar a tener problemas de salud mental; Puede relacionarse con odiar su cuerpo, ser víctima de bullying, ser rechazado por su orientación sexual, compararse con otras personas que reflejan una vida ideal en redes sociales, (que en la mayoría de los casos es irreal o directamente no existe) etc… Todos estos ejemplos y otros muchos más que obviaré para no extenderme, suelen provocar impotencia, depresión y, o, ansiedad, convirtiéndose de inmediato en los detonantes de diversos trastornos de esta índole. 

Me gustaría terminar este artículo haciendo un apunte: 

Si nos enseñaran desde pequeños a llevarnos bien con nuestras emociones y a aceptarlas en vez de ocultarlas, si nos hicieran comprender que en la vida los logros son resultado del esfuerzo y la dedicación, que no son tan instantáneos como el hecho de enviar un mensaje de What’s App y que está bien no poder con todo porque no todos somos iguales ni debemos aspirar a lo mismo, quizás no nos frustraríamos tanto y nos llevaríamos mejor con nosotros mismos y con los demás.

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