MOLINA

Recordamos las romerías al paraje de Las Salinas por San Antón

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Paco Ayuso

Si hay una fiesta en Molina de Segura que siempre nos da añoranza, esa sin duda es el 17 de enero, la celebridad de San Antón, patrón de los animales, o como dice el dicho hasta San Antón Pascuas son, en Molina de Segura. Hasta el punto que son muchos los hogares que no retiran los adornos navideños ni las bandejas de dulces hasta el día 17.

En los tiempos actuales, el bautizo de nuestras mascotas en la parroquia, San Vicente Mártir es sin duda la cita obligada, pero hubo un tiempo, que durante casí medio siglo, fue una de las romerías más recordadas a la rambla de Las Salinas, donde desde tiempos remotos se extraía de las balsas la sal del agua.

El paraje de las salinas en la carretera de Fortuna en antaño, antes de llegar a Los Conejos, a escasos 3 kilómetros del casco urbano era una rambla rodeada de pequeños montes y pinares junto a las balsas de sal. A partir del año 1949 comienza la recuperación económica y la huida de la miseria que había dejado en la población la guerra civil, el inicio de la industria conservera conllevo a nuevos eventos, el día de San Antón festividad en el municipio, era día de alegría, las chimeneas no echarían humo, en una época donde los habitantes trabajan y vivían sin salir de Molina. Desde los carros tirados con burros, las primeras vespas, el 600, comenzaban a trasladar los enseres y familias al paraje, donde la amplia explanada se convertía en un hormiguero de gentes en corrillo y coches, de niños jugando, cantando y bailando, donde los vecinos de Molina de Segura, con días a veces o casi siempre de mucho frio, atareados con  sus capazas de mimbre, sus manteles, sus embutidos de matanza, las cacerolas de migas, tortillas y fritangas acompañada de las sobras navideñas plagadas de dulces.

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Dia que todos los romeros, todos los vecinos compartían su comida, compartían juegos y bailes, y donde los niños campaban a sus anchas por las pinadas, como si no hubiera un mañana, el abuelo y la abuela, los hermanos los primos, los compañeros de trabajo, todos apretados en el coche como podían para ir a Las Salinas, los más jóvenes en bicicleta o andando.

Las siguientes décadas en los años 60 y 70, 80 fueron tomando más protagonismo, los medios regionales siempre resaltaban el San Antón molinense, donde a pesar de lo dueños de la rambla no era de su agrado, la invasión del paraje cada San Antón era inevitable.

A principio de los años 90 Las Salinas cambian de dueños, cierran con cadenas el paso al paraje, unido a los nuevos tiempos, que la perenigración iba decayendo año a año, en 1.992 se celebraba el últimos San Antón tras más de 40 años de romería.

Las casas de campo o urbanizaciones, las barbacoas, las migas o la paella, terminarían sustituyendo desde entonces a nuestros días la Romería a Las Salinas, pero claro ya no era lo mismo, pero si una forma de mantener la tradición, aunque sea a mesa y mantel, un mantel que nunca falto en nuestro San Antón.

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