MOLINA

Aquellos “MESES DE JULIO” De la Campaña del Melocotón

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En los veranos del melocotón, Molina de Segura hervía de vida y trabajo, con miles de manos sosteniendo la industria conservera que marcó la identidad del municipio.

La conserva, motor de Molina de Segura

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Paco Ayuso

La historia de Molina de Segura siempre estará ligada a la conserva, posiblemente nuestra villa es lo que es hoy en día, a lo que fue aquella industria, hoy desaparecida y que llegó albergar en los años 60-70 hasta 28 firmas conserveras, con una media de 300 trabajadores por empresa.

Aquellos meses de julio, en Molina de Segura

Pero en nuestro apartado efemérides hoy nos trasladamos aquellos meses de Julio, en Molina de Segura, especialmente en los años 60, 70 y 80, En las décadas de los sesenta y setenta, casi se duplicaba la población, donde llegaban a nuestro municipio trabajadores, especialmente, además de distintos pueblos de la región de las zonas de Albacete, Granada y Almería especialmente. Donde se hospedaban como podían en las habitaciones que proporcionaban las conserveras o en pensiones y casas tanto de Molina como de Alguazas y Lorquí, especialmente.

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Las calles despiertan al ritmo de la sirena

Las calles de Molina, antes del pito de la sirena de las 6 de la mañana, hora que comenzaba el primer turno, era un hormiguero de gentes por las calles, que como zombis se trasladaban a las distintas factorías, pues a las seis en punto, todos tenían que estar en sus puestos de trabajo. El vale había que picarlo un cuarto de hora antes como mínimo. Aquellas duras de trabajo, con los medios de entonces, con un calor infernal, eran, por el contrario, símbolo de riqueza para sus empresarios, como de aquellos trabajadores que tenían asegurado el jornal, para uno y más miembros de la familia.

A finales de los 70, el gran trabajo que daba nuestro municipio, hacía que los forasteros, como eran conocidos por entonces en Molina, trasladaran su vida a nuestro pueblo, afincándose definitivamente.

Los estudiantes y la mili también pasaron por la fábrica

Durante los años 80, antes de su caída, la conserva brillaba a gran esplendor, con campaña tras campaña, que aseguraban muchos meses del año un jornal. En aquellos meses de julio de los años 80, en la gran campaña del melocotón, se incorporaban los estudiantes, que ya lo habían hecho en los 70, como la que fuera presidente de la comunidad, María Antonia Martínez, que como tantos estudiantes de la época sufragaban sus estudios, con aquellas duras e interminables campañas del melocotón en verano.

También tenían cabida los recién licenciados de la mili de aquel cuarto remplazo que se licenciaban en julio, y pasaba del cuartel a la fábrica, para envidia de aquellos jóvenes que aún no habían hecho el servicio militar y lo veían con temor, ante los ya licenciados que comenzaban su definitiva vida laboral.

Con una factoría poblada de camiones que venían a descargar la fruta, una portería como pequeñas oficinas con sus máquinas de escribir, unos camiones que se descargaban a mano o con las rutinarias carretillas elevadoras de la época, unas cajas de melocotones que se echaban a mano en la cinta, donde luego era calibrado el melocotón, para después quemarle la piel, seguidamente él en interminables cintas seguir el proceso con las mujeres en la cinta, hasta terminar junto a la fórmula química de almíbar y conservantes en el interior del bote. El último proceso, el cerramiento de botes, paletizarlos para llevarlos al almacén, donde luego en las vetustas oficinas, los comerciales lo ponían en el mercado, y donde se facturaba en cada fábrica cientos de millones de las épocas, mientras que el obrero se llevaba su jornal.

El cierre de campaña y las fiestas con el bolsillo lleno

Con el fin de la campaña del melocotón que comenzaba la segunda semana de julio y terminaba a veces a principio de septiembre junto a la pera, llegaban el fin de la campaña que más trabajo daba, luego llegaban las fiestas de Molina que con unos buenos duros en el bolsillo de los denominados atrasos, se festejaban por todo lo alto, mientras que los estudiantes volvían a los institutos y universidades, y ya solo cabía esperar la campaña del pimiento en octubre o la ansiada campaña de la naranja en noviembre.

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