Los últimos goles del farmacéutico Marquina, antes de morir

Molina de Segura, 11-05-1952: mientras el país vibraba con los goles por transistor, un estilete silenció para siempre al farmacéutico Joaquín Marquina en la Plaza de la Cruz
La crónica negra es la crónica de nuestro pueblo

La crónica negra es la crónica de nuestro pueblo, como así decía el mítico programa “la huella del crimen”, cuando llega el mes de mayo, cuando llega el final de la liga, no puedo evitar recordar esta tremenda historia que paso en Molina de Segura entre fútbol de transistor y sangre.
Domingo, 11 de mayo de 1952
Para ello nos tenemos que situar en el domingo 11 de mayo de 1952, aun sin fútbol en la localidad, era como buena costumbre, los domingos por la tarde, la reunión de amigos en el quiosco Barba situado en la céntrica plaza de la cruz de los caídos, donde se citaban los buenos amigos entre tertulias, escuchaban los goles en la radio del quiosco, la liga había terminado en primera división, era el turno de la copa del generalísimo donde aquella tarde se disputaba además de la promoción de ascenso, los encuentra de ida de las semifinales de la copa del Rey, en las Corts el Barcelona dejaba casi sentenciada su ronda, al imponerse al Valladolid 5-0 con dos goles de Kubala y Villa unido al de César. En Mestalla, la gran final anticipada entre Valencia y Real Madrid (2-1) Buqué marcaba el definitivo gol en el último minuto que rompía el empate, pues antes habían marcado Pasieguito para los valencianos y Pahiño para los merenges.
La tragedia estaba a punto de ocurrir
El farmacéutico Joaquín Marquina
Mientras sonaban aquellos goles desde el transistor del quiosco el Barba (hermanos Meollo), la tragedia estaba a punto de ocurrir. Una mano asesina y cobarde surge por detrás de un pequeño grupo de hombres que escuchaban los partidos, de aquel día retransmitidos como decimos por la radio, eran entre las 8 y 8.30 de la tarde cuando sin mediar palabra, un estilete en el cuello de la víctima le atravesaba la arteria carótida, la víctima era el farmacéutico Joaquín Marquina, natural de Santomera, pero que vivía y regentaba la farmacia de la calle mayor en Molina.
Sus últimas palabras fueron ¡qué pasa!, ¡qué pasa!
Sus últimas palabras fueron ¡qué pasa!, ¡qué pasa!, antes de caer desplomado y ser recogido por un conocido que se encontraba a su lado, Joaquín Marquina Jiménez, tan solo tenía 33 años y una vida llena de proyectos por delante.


Su verdugo sería Andrés Meseguer
Su verdugo sería Andrés Meseguer, un ayudante de barbería en el centro, del que se dijo que utilizó su propia navaja, hombre de cortas luces, y personalidad oscura. Si bien durante el tiempo, se rumoreó que el crimen fue por celos, pues él estaba enamorado de la que entonces era novia de Joaquín, pero no queremos profundizar en esta tesis, pues Lucia Hernández, nuera de la supuesta novia, desmiente que ese fuera el motivo ni que ella fuera su novia, de tan solo 18 años cuando Marquina tenía 33. Nos asegura que el motivo sería político, pues Joaquín Marquina era un afamado y reconocido comunista, que había sido piloto de aviones en la guerra, había estado en la cárcel y en la misma Moscú donde residió. Fuera como fuera a ciencia cierta que Andrés fue inducido cuando unos derechistas violentos, le dijeron que no tendría cojones a matarlo, a sus cortas luces quiso demostrar que, si los tenía, terminó en un manicomio hasta su fallecimiento.

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