
Foto: Paco Ayuso.

Supongo que, como a muchos de vosotros, cuando erais niños como yo, y sonaba esta canción a la muerte de Chanquete, que dejó marcada a nuestra generación en el penúltimo capítulo de Verano Azul, en la ficción, ahora me llega como anillo al dedo en la realidad, que no ya la ficción, que esta es siempre superada por la realidad.
El pasado viernes 23 de octubre, el día que comenzaba un apasionante fin de semana en Molina de Segura con la Feria de las Tradiciones, se nos marchaba, en los primeros minutos del nuevo sábado, uno de los vecinos más ilustres que tenía Molina de Segura como referencia en el deporte: Juan Pedro Ruiz Cámara, exjugador profesional en Primera División en los años 80 y el padre del fútbol femenino en la Región de Murcia.
De Mula al Real Murcia: los primeros pasos del «Rasca»
Nacido en Mula a final del verano de 1957, un 28 de agosto, su padre era el cuidador del campo de fútbol de Mula, con lo que creció en un rectángulo de juego. Cuando apenas era un niño, con apenas 14 años, ya era titular indiscutible ante grandes jugadores veteranos en el Atlético Muleño, entonces en Preferente, equiparable hoy en día a una Segunda RFEF.
Aquel rubio delgaducho que destacaba en Mula, corriendo la banda derecha y con una gran rosca en el golpeo del esférico, le llevó a ser conocido en el mundo del fútbol como el «Rasca».
Con apenas 15 años se incorporó al Real Murcia para vivir, con el entrenador José Víctor, los mejores años y camada del equipo juvenil, que año sí y año también se proclamaba campeón o subcampeón de España.
Aquel Real Murcia juvenil, con jugadores que luego terminaron jugando en Primera División, como los casos del yeclano Pastor o el cartagenero Joaquín Muñoz, que jugaron en la máxima categoría con el propio Real Murcia y el Real Valladolid. Otros grandes exmurcianistas en Primera, como los hermanos Angelín y Mompeán, así como el jugador más joven y técnico en debutar en Primera, Pelegrín, y el propio Ruiz.
Su trayectoria en Primera División y el fútbol profesional
La temporada 1977-78, con el Real Murcia en Segunda División y con tan solo 20 años, Ruiz era titularísimo en La Condomina. A pesar de ello, la temporada siguiente tuvo que cumplir el servicio militar en León, con lo que jugaría y triunfaría en la Cultural Leonesa, en la recién inaugurada Segunda B.
Cada vez que volvía de permiso, paraba con su coche en el Parador del Niño para llevarse militares que hacían autostop. Algunos los dejaba en la puerta del cuartel. Así era Ruiz.
Vuelve al Real Murcia la temporada 79-80 y lo hace a lo grande: titular y ascenso a Primera División, para que en la primera jornada de la temporada 80-81 debutara en la máxima categoría del fútbol español. Tenía 22 años y todo un futuro futbolístico por delante.
Aquella temporada el Real Murcia bajó a Segunda. Ruiz sería de los jugadores más destacados de la temporada, junto a aquel fichaje estrella que llegó en el mercado de invierno, el Toro Gil, internacional brasileño, que había fichado el molinense Sánchez Rex cuando era por entonces peso pesado de la directiva y secretaría técnica del Real Murcia.
Dos temporadas más en La Condomina, 81-82, vísperas del Mundial de España, y la última, 82-83, en la que tan solo jugó cuatro partidos.
Con su segundo ascenso a Primera con el equipo de sus amores, le llega un gran contrato del Elche por tres temporadas, que además le permitía estar cerca de casa sin trasladar su domicilio. Estaba recién casado y había nacido su primer hijo, Pablo.
Con el Elche, su primera temporada, 83-84, volvió a subir a Primera con una temporada excepcional de Ruiz. De nuevo volvía a salir en los cromos como jugador de Primera División, aunque aquel Elche era una roca, terminaría bajando a Segunda y Ruiz terminó su aventura en Elche cumpliendo su tercera temporada, en un club donde dejó cátedra y donde Ruiz, tras el Real Murcia, le tenía un amor eterno.
Del Córdoba al regreso a Mula y su llegada a Molina de Segura
En el verano de 1986, con 29 años recién cumplidos, ficha por el Córdoba en Segunda B por dos temporadas, donde también deja huella en el equipo y la afición.
Tras su paso por tierras cordobesas, otras dos temporadas en otro histórico como el Alcoyano. Desde Alcoy marcha al Yeclano nuevamente para ponerse a las órdenes de José Víctor. La primera temporada el Yeclano se quedó a un gol de subir a Segunda A contra el Marbella de Jesús Gil.
Completa una segunda temporada en Yecla, para ya la tercera, que comenzó como jugador, colgara las botas para ejercer de segundo entrenador con José Víctor.
Tras su separación en 1995 decide volver a su pueblo y descolgar las botas para jugar nuevamente donde empezó todo, en el Muleño, con el que consiguió los play-off a Segunda B. Entre sus compañeros, el molinense José Ángel Gambín.
Ruiz tenía 39 años y colgó definitivamente las botas.
La amistad con Gambín le hizo cambiar su vida y sus proyectos de futuro. Fundaron la EF Molina. Ruiz se trasladó a vivir a Molina de Segura. El propio padre de Gambín, Juan de Dios, le consiguió y le vendió un piso junto al parque de La Compañía.
Ruiz vivió la mayor parte de su vida en Molina, un lugar que convirtió en su casa, donde fue tremendamente feliz y se consideró un molinense más.
Su apuesta por el fútbol femenino en la Región de Murcia
Tras su paso como director deportivo por el Lorca Deportiva y entrenador junto a su buen amigo, el afamado representante de futbolistas Santos Márquez, su vida futbolística la cambió por completo.
Desde los primeros años del actual siglo, allá por el año 2003, llamó poderosamente la atención de Ruiz el fútbol femenino, por entonces primitivo, para convertirse en el padre en la Región de lo que hoy es.
Comenzó en el Santomera junto a su amigo Angelín, para en 2007 fundar el Murcia Féminas, que fue un club referencia, llegando a militar en Segunda División.
Bajo su tutela aprendieron a jugar al fútbol jugadoras como Eva Navarro, que luego terminaría siendo campeona del mundo con la selección española y jugando en equipos como Atlético de Madrid y Real Madrid.
Terminó su vida laboral futbolística como se merecía. El Real Murcia absorbió al Murcia Féminas y Ruiz, hasta su jubilación, tuvo su despacho de trabajo en Nueva Condomina, trabajando para el Real Murcia, donde comenzó cuarenta años antes.
Una vida ligada al deporte y a sus amigos
A pesar de la feliz jubilación que vivía, seguía practicando deporte sin parar. Era asiduo a verlo en el parque de La Compañía haciendo ejercicios. Mataba el gusanillo futbolístico en el Alguazas, donde entrenaba y echaba pachangas con los veteranos, ayudando a gestionar el club. A la vecina localidad se desplazaba siempre en bicicleta.
A sus 69 años se encontraba de maravilla, como siempre nos decía cuando charlábamos con él.
Asiduo a desayunar su café con tostadas en la Taska El Retiro, donde devoraba la prensa deportiva. Asiduo también al salón de Orenes, el sueño de todos los que venimos del fútbol del transistor, para ver el fútbol allí con diferentes pantallas y partidos, tomar una cerveza y, sobre todo, charlas con los amigos, por supuesto de fútbol, hasta bien entrada la noche.
Dos días antes de su muerte, allí estuve con él, en aquella noche de Champions y del 4-2 del PSG al Barcelona.
Esta semana había el gran clásico con el Barcelona-Real Madrid que Ruiz esperaba ansiosamente. Apenas dos horas antes de que comenzara aquel partido, Ruiz recibía sepultura en el cementerio de San Ildefonso, en su Mula natal.
Y es que la vida te cambia en un plisplás, sin esperar a la muerte, que muchas veces viene sin avisar.
El último viernes de Juan Pedro Ruiz
El viernes 23 de octubre, Ruiz comenzaba su jornada como cualquier otro día o cualquier otro viernes. Desayunó su tostada en la Taska El Retiro, hizo su deporte diario, luego su cerveza con cacahuetes al mediodía, para por la tarde desplazarse a Alguazas en sus quehaceres futbolísticos. Cenó con el Bañeras y regresó a Molina.
Por la noche tocaba su cita obligada en el Orenes, donde entre amigos comenzaba una nueva jornada futbolística. Esa noche del viernes jugaban en las pantallas del Orenes el Alavés-Málaga.
Era raro que Ruiz no se quedara hasta el final del partido. Antes estuvo hablando con su exyerno, al que parece que le comentó que desde la mañana tenía un dolor en el pecho. Como seguro que todos, no le daríamos importancia.
Se marchó a casa, situada a pocos metros del salón, para que apenas una hora después un infarto le sorprendiera, hasta que su hijo Pablo se dio cuenta.
Tal vez, y solo decimos tal vez, como comentamos en el salón tras su muerte, si le hubiese pillado allí, su suerte hubiese sido otra, antes hubiese llegado la ambulancia, pero eso ya nunca lo sabremos.
Ruiz fallecía camino del hospital.
El último adiós a un amigo irrepetible
Tras su sepelio, entre centenares y centenares de amigos que le despedían, con la camiseta del Real Murcia y el Elche, le dábamos el último adiós, para que, apenas a 120 minutos de que diera inicio el partido del gran clásico, Juan Pedro Ruiz recibiera su última ovación a las puertas del panteón familiar del cementerio de Mula.
Se nos va un amigo que transmitía valores por donde pasaba, querido como nadie de los que tuvimos la suerte de cruzarnos en su camino.
El sábado de mercado en Molina la noticia corría como la pólvora. Dejaba un vacío inmenso a quienes lo conocimos, y es que algo se muere en el alma, cuando un amigo se va, otro irrepetible que se marcha.
D. E. P.
Paco Ayuso




