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Análisis de la Temporada / Unión Molinense / Tercera RFEF

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firma_Paco Ayuso

La Unión Molinense vuelve a fallar en su segunda intentona de promoción de ascenso.

Temporada frustrante en la tercera división para la Unión Molinense, con el claro objetivo de disputar la promoción de ascenso. Durante el verano anterior, se hablaba de ascenso como objetivo directo o indirectamente, con uno de los presupuestos más jugosos de la categoría. El joven proyecto volvió a morir en la orilla sin conseguir el objetivo por segunda temporada consecutiva, lo que conllevó a la desilusión de sus más fieles aficionados.

Tras una primera temporada (2022-23) donde el equipo se quedó a tan solo un punto de la promoción, el objetivo para esta temporada 2023-24 era la promoción sin excusas. Durante el verano hubo una revolución en el plantel, donde tan solo continuaron, además de su entrenador Sergio Sánchez, los jugadores Hugo Guill en la portería junto a Asensio, Nico, Samu y Renato, lo que no permitió un proyecto de continuidad en cuanto al plantel. Pronto se cerró la plantilla, pues durante el mes de junio ya se había configurado la escuadra, un plantel de jugadores consagrados y mayor fondo de armario. El objetivo no se podía escapar, y el Molinense partía en las quinielas como uno de los grandes favoritos, ya no solo para pujar por la promoción de ascenso a segunda RFEF, sino para pelear por el título y ascenso directo junto a otros favoritos, Deportivo Minera y Cieza, aunque estos con más presupuesto en sus proyectos. Sin embargo, los de Molina habían confeccionado un plantel para competirles con gran ilusión por parte de la afición.

A pesar del mal desempeño a domicilio, donde los unionenses tuvieron su talón de Aquiles, el equipo se hizo fuerte en casa, hasta el punto que, sumando la segunda vuelta de la temporada anterior, la Unión Molinense llegó a firmar un año invicto en el Sánchez Cánovas, terminando la primera vuelta en una cómoda cuarta posición, realizando un gran fútbol y con una ventaja sobre el Lorca Deportiva de cuatro puntos. El proyecto iba a velocidad de crucero a buen puerto.

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En la segunda vuelta todo se torció. El Molinense decidió no acudir al mercado de invierno. Solo Genis, que ya había jugado la pasada temporada y que solo jugó un partido por lesión, había sustituido en un cambio de cromos al también lesionado Gonzalo Páez, que se unía a la baja de Spinman en las primeras jornadas, habiendo marchado al Bullense. Posiblemente se creía que el objetivo deportivo no corría peligro, a pesar de que Sergio Sánchez había solicitado incorporaciones para potenciar el equipo. Se apostaría por lo institucional; para ello se fichó al cantautor Fran Trigueros, que fechas antes había creado el himno, y así, desde 400 kilómetros de Molina de Segura, aterrizaba en el Sánchez Cánovas el nuevo director institucional.

Tras la derrota en la primera jornada de la segunda vuelta en Cieza, el equipo volvía a afianzarse tras sus victorias en casa ante el Alcantarilla y Plus Ultra. Fuera de casa seguía sin coger la medida al campeonato. A partir del 25 de febrero, el equipo cayó en picado. Tres derrotas consecutivas contra Algar, UCAM y Lorca hicieron que Sergio Sánchez fuese cesado, una medida que también sorprendió, cuando venían dos partidos consecutivos en casa (Caravaca e Imperial) con un técnico que hasta hacía una semana había sumado un año invicto en el Sánchez Cánovas. Sergio dejaba el club tras un año y medio firmando un gran trabajo, subcampeón de la Copa Federación y mejor clasificación histórica, y dejando al equipo en promoción de ascenso en el momento de su cese.

Llegaba Julio Algar, 20 años después, a Molina de Segura, donde se había retirado como jugador y donde había empezado su andadura como técnico. Comenzó con buen pie con un empate y tres victorias en sus primeros cuatro partidos, posicionándose nuevamente en los puestos de promoción, pero con un Caravaca y Lorca que venían como motos, y contaban sus partidos por victorias jornada sí y jornada también. Derrota de las que duelen en Balsicas, para volver a caer la siguiente jornada contra el líder Minera que se llevó los puntos con la ley del mínimo esfuerzo. Saltaban todas las alarmas en la Unión Molinense: ni caravaqueños ni lorquinos fallaban y el Molinense salía de la promoción de ascenso, de donde ya nunca volvió a falta de cuatro jornadas del final. Tras la victoria ante un desahuciado Racing Murcia, llegaba el partido del ser o no ser: el Molinense recibía en casa, ya sin opciones, al Pulpileño, pero los almerienses pasarían por encima con la mayor goleada en el Sánchez Cánovas en tercera de la era Unión Molinense. El objetivo se había tirado por la borda, pues a falta de dos jornadas, la empresa se había vuelto casi imposible. Victoria ante un colista y descendido Montecasillas con más pena que gloria, para dejar todo el proyecto en manos del modesto Alcantarilla, que sin jugarse nada debía ganar al Lorca en su feudo junto a la victoria del Molinense en casa ante el Palmar (2-0) le hubiera dado la ansiada plaza de promoción.

Casi surge el milagro gracias al Alcantarilla, que dio una lección de profesionalidad y que llegó a ir ganando desde el primer cuarto de hora de la primera parte hasta el 94, con lo que la victoria entonces del Molinense le daba sorprendentemente la clasificación cuando menos lo esperaba. Pero la afición no las tenía todas consigo, como así ocurrió cuando el Lorca marcaba el gol del empate que le daba la clasificación y apeaba al Molinense al tener el golaveraje perdido con el propio Lorca con el que empataba a puntos.

La desilusión fue tremenda en los estamentos del club; ni siquiera la plaza extra que dejaba el UCAM B se había aprovechado, firmando una discreta temporada en la séptima posición. Por el contrario, la afición tampoco terminaría de engancharse, siendo la mejor entrada la de 400 espectadores, ni siquiera ante la Minera, el Pulpileño con jornada de puertas abiertas o la última jornada donde el equipo tenía opciones, la afición respondió.

Momento para la reflexión, antes de configurar el nuevo proyecto.

Con el final de la temporada, el propio presidente Juan Fabrilo Perea necesitó unos días para reflexionar sobre lo ocurrido, pues la desilusión fue tremenda en todos los estamentos del club y afición. El primer paso sería finiquitar económicamente la temporada antes de mover las piezas en el tablero. Por otro lado, el filial en Preferente, a pesar de haber conseguido la permanencia oficial y virtual, el arrastre por el descenso de Racing Cartagena a tercera, y el efecto dominó de su filial Racing Murcia a Preferente, puede hacer que el propio filial no mantenga la plaza en Preferente, con lo que, a pesar de su gran ejercicio, la depresión se adueñó del estadio Sánchez Cánovas. Hacía falta un alto en el camino, pues no en vano la presión había sido máxima.

No hubo acuerdo con La Unión F.C. para traer la segunda RFEF a Molina.

A todo esto y con el final de temporada, toma fuerza el rumor de la llegada de la segunda RFEF a Molina de Segura vía La Unión. Su presidente Julián Luna, muy disgustado con el poco apoyo que recibe el equipo en la localidad cartagenera, tanto institucional como de afición, y a pesar de haber conseguido la permanencia, buscaba nuevos horizontes para su proyecto, poniendo sus ojos en Molina de Segura, que además de la plaza ponía el presupuesto del equipo en segunda RFEF y el de tercera división. Sin embargo, las negociaciones con la Unión Molinense no llegaron a buen puerto, y la segunda RFEF se alejaba también por esta vía del Sánchez Cánovas.

La Unión Molinense lo volverá a intentar, vía promoción o vía campeón.

Tras la finalización del campeonato, la entidad haría un último acto deportivo: fotos oficiales, cena de equipo y reportaje para Molina Fibra, donde su director deportivo Juando Martínez, que seguirá al frente de la parcela, declaraba que, tras el mal sabor de boca, la temporada había sido positiva, y que ya se iban a poner a trabajar en la nueva temporada, con el intento por tercera temporada consecutiva de alcanzar la promoción y hasta intentarlo esta vez como campeón y ascenso directo. Para ello, antes sí habrá que esperar cómo queda finalmente configurado el grupo XIII, donde a priori se presenta mucho más competitivo, con la llegada del FC Cartagena B y el Racing Cartagena. En caso de no ascenso de Imperial o Cieza, unido a los Lorca, Pulpileño y otras grandes bestias de la categoría, la empresa puede ser complicada.

Revolución institucional y deportiva en la estructura del club

En cuanto al primer equipo, estamos en compás de espera, donde aún no se han tomado medidas para el inquilino del banquillo ni en cuanto al apartado de bajas y altas. Juando Martínez se reunirá con Julio Algar para evaluar su renovación o cambio de cromos en el banquillo, así como jugadores. Si bien es cierto que, al igual que la pasada temporada, muchos de los jugadores del plantel se han revalorizado y ya están llamando a sus puertas.

Donde sí ha habido movimientos y muchos, ha sido en otras parcelas. En la parte institucional, el director institucional Fran Trigueros, tras tres meses, abandona la dirección, el club y el proyecto para enrolarse seguramente en otro proyecto, a la espera de si su nuevo equipo militará en el grupo XIII o en segunda RFEF. Diego y Sergio serán ahora los responsables de la parcela de prensa e institucional en la nueva estructura.

En la parte deportiva, Paco Serrano, director de fútbol 8, sería la primera salida, sustituido por Óscar Pulido. Como entrenadores, también saldrían Juando Alhama, tras dirigir 7 temporadas al equipo femenino y fichar por el Real Murcia, y Juan Ángel, que tras dos años exitosos podría recalar en el Archena FC. Javi López, otro ícono de la casa, también dijo adiós, con lo cual Marc, director deportivo del fútbol base, tendrá trabajo extra este verano en la contratación de nuevos entrenadores.

Reconstrucción del estadio Joaquín Sánchez Cánovas.

A todo esto, hay que unir la obra faraónica que necesita el estadio, tanto en graderío, césped como instalaciones, donde la concejalía de deportes ya se ha puesto manos a la obra. Incluso ya tuvo que tomar medidas durante la temporada, como clausura de la grada y compra de vestuarios portátiles, a los que se les unieron los propios que también adquiriría la entidad unionense. El objetivo ahora es que, para septiembre de 2025, coincidiendo con el 50 aniversario del estadio, la obra esté finalizada, con un estadio cinco estrellas en su categoría. Con este panorama, ahora las dudas serían si es el momento de dar el salto deportivo que se quiere, o esperar a tener el estadio en condiciones, asentarse antes el equipo en el grupo XIII a corto y medio plazo y, sobre todo, despertar a la afición, pues a pesar del esfuerzo del club, la media de aficionados no rebasó los 400, ni tan siquiera en los encuentros estelares.

Mucho trabajo le espera a la Unión Molinense este verano, donde a buen seguro se volverá a confeccionar un proyecto ilusionante, en el que ya se está trabajando.

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