Con el cierre del “Quiosco La Estación”, Santa Bárbara mantendrá viva la llama de lo que fue un símbolo en nuestra población

Un adiós que marcó a toda una generación

El pasado mes de abril nos llenaba de tristeza el cierre definitivo del quiosco de la calle estación custodiado durante 43 años por Ángela Martínez, su padre lo adquiría allá por 1981, aquel que me daba cromos de fútbol cuando le hacía un mandado, por ese quiosco paso toda nuestra vida, para comprar chuches, periódicos, revistas, tabaco, el teleprograma (TP), el anunciorama, interviú, el diario Línea, don balón y tantos y tantos ejemplares que también casi todos desaparecieron. Ángela se despedía de sus clientes con una emotiva carta, que aún se puede leer en el cristal de la vitrina:
La carta de despedida de María Ángeles, memoria viva del barrio
“Kiosco Estación, os da las gracias por estos años, 43 años, por vuestra fidelidad, todas esas personas que nos han apoyado día tras día, año tras año, los que ya no están, a todos gracias y gracias repetidamente. María de los Ángeles, yo, personalmente, os agradezco cada sonrisa, cada mínima palabra de motivación, que cada día me habéis entregado, nunca olvidaré todas esas cosas, momentos y mucho más vivido con todos vosotros, siempre en mi corazón. Gratitud eterna. Kiosco Estación. Mari Ángeles.”
Emotivas palabras que cada vez que pasamos por el ya cerrado quiosco, no podemos evitar pararnos y leer y releer una y otra vez su carta de despedida, con la esperanza que muy pronto vuelva María Ángeles a levantar la persiana, ¿Por qué no? Soñar es gratis. Pues fue el quiosco de mi vida.

El relevo emocional: el quiosco Santa Bárbara toma el testigo
Pero gracias a Pedro José Bernal, que regenta el quiosco de Santa Bárbara, ahora mi quiosco, ese vacío me lo sigue llenando, a mí y a Molina de Segura entera, ya no quedan quioscos, posiblemente si no me falla la memoria, es casi el único que queda.
Crónica de un tiempo que se fue
Recuerdo que solo en el casco urbano había más de una veintena, del meollo, los dos nombrados, el de la punta de la calle Santa Teresa, el del final de la calle estación colindando con la del botellero, el que había en la puerta del cine Cónsul, el de la plaza Pío XII, el del barrio de Fátima, el del paseo rosales, el de la calle Serrerías, el del instituto de BUP, el de la calle San Juan, …. Y tantos y tantos otros, que fueron cerrando uno tras otro.
Larga vida al quiosco Santa Bárbara, por la labor que hace, por la amabilidad de Pedro José, de su mítica y simpática abuela, la Peneka que le dio siempre nombre al Kiosco, y que siempre nos saca una sonrisa. Ahora un auténtico símbolo de nuestra población y que nos recuerda lo que fuimos.




