MOLINA

Adiós a Pepe Guillén, el policía que quiso ser alcalde

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Pepe Guillén, agente de la Policía Local de Molina de Segura durante numerosos años.
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Paco Ayuso

Si el pasado mes de febrero despedíamos en este medio a Hurtado, uno de esos policías emblemáticos, uno de esos policías de los tiempos de camisa de color celeste, ahora nos llega la triste noticia del fallecimiento de otro emblemático y personaje muy querido, Pepe Guillén, a la temprana edad de 67 años, tras una larga enfermedad.

La primera impresión era de persona seria y robusta; sin embargo, era de esos policías que sabían tratar a la gente con su educación, respeto y dándole el sentido común a las cosas en las conversaciones con el ciudadano. Con ese apellido Guillén solo podía haber nacido en La Algaida (Archena), cuna de guillenes, un 15 de febrero de 1959. Lo recuerdo con su uniforme por las calles de Molina de Segura allá por 1984, a buen seguro año arriba o año abajo, de cuando a la policía de Molina casi todos los conocíamos al menos de vista, pues no eran tantos como ahora.

Pepe Guillén y su proyecto para Molina de Segura

En el año 1995, cuando contaba con 36 años, se presentó a las elecciones municipales. Aún recuerdo aquellos carteles con su rostro y partido. Quiero recordar que era Unión del Pueblo de Molina, sustituyendo al candidato Paco Vivas; me genera la duda si era ese el partido o alguno similar de ámbito local. Lo recuerdo una de las pocas veces que lo vi sin uniforme por primera vez. En marzo de 1995 estábamos entre amigos, entre cañas y tercios en la Taska el Retiro, en la calle Estación. Entró Pepe con su propaganda electoral y nos explicó su proyecto. Era una Molina de Segura donde la industria conservera acababa de volcar y necesitaba una transformación. No llegó a sacar concejalía y sería Eduardo Contreras quien tuvo que llevar a cabo esa transformación cuando ganó sus primeras elecciones en mayo del 95.

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Anécdotas personales con Pepe Guillén

En aquel mitin improvisado en la Taska recuerdo a José Ángel Paredes decirle: «Pues te voy a votar», mientras Casaus replicaba: «El problema de estos partidos es que luego no tienen fuerza a nivel nacional». Pepe le respondía que ellos iban a trabajar por Molina de Segura; Moncloa era otra historia.

Si tuviera que recordar anécdotas personales con Pepe Guillén, a mi memoria me vienen dos, con mi primer coche que tuve, un Ford Escort. La primera, vísperas de las Navidades de un sábado de 1993, cuando a las 5 de la mañana sonó el timbre del telefonillo de mi casa en la calle Estación. Era Pepe, que me indicaba que o bajaba rápido a quitar el coche o se lo llevaba la grúa por el mercado. Así bajé corriendo las escaleras como el que se quita avispas del culo. Sé que era Pepe, pues cuando salía por el portal estaba avisando a otro vecino.

También recuerdo en las fiestas de Molina de 1994. Yo estaba de vacaciones laborables, dejé el coche aparcado en la acera enfrente de la tienda de periódicos de Maeso. Pensé: de ahí ya no lo muevo hasta que acaben las fiestas. El martes, tras la traca fin de fiestas, fui a por mi coche. No estaba. En su puesto había otro coche. «¡Me lo han robado!», exclamé, y fui al puesto de policía local, entonces en el ayuntamiento. Me atendió Pepe. «Que me han robado el coche». «¿Dónde lo tenía aparcado?», me preguntó. Le expliqué el punto de la calle Mayor. Me contestó: «Entonces tranquilo, que no te lo han robado». Lo había desplazado la grúa hasta San Roque por el paso de la romería fin de fiestas. «Vete dirección San Roque y lo encontrarás aparcado». Así fue.

¡Qué tiempos aquellos que la grúa no se llevaba, por un hecho puntual, el coche al depósito, sino que lo trasladaba de lugar! Y qué tiempos aquellos que cuando se te olvidaba el coche en zona de mercado, te localizaban para que lo retiraras en vez de llevárselo la grúa con su pertinente multa. De aquellos policías que tenían un trato especial con los ciudadanos, los mismos que siempre recuerda el actual alcalde, José Ángel Alfonso, a los agentes de nueva promoción: «El trato con el ciudadano nunca lo descuidéis».

La marcha de Pepe Guillén

Siento una pena profunda por la marcha de Pepe Guillén, para otros Pepito, pues fueron tantos años verlo de policía y sus buenas artes, que se nos muere algo dentro de cada uno de nosotros y de la historia de nuestra ciudad, y sobre todo de nuestra policía local.

Apenas unos días estaba ilusionado; tras salir del hospital se encontraba mejor, o al menos así lo parecía, pero el martes 17 de agosto recibía cristiana sepultura en la pedanía que lo vio nacer, si bien afincado con su familia en Molina de Segura, donde fue parte de ella. Se nos marcha el que fue un gran policía, pero sobre todo y más importante el que fue una gran persona y seguro que hubiese sido un gran alcalde. Nuestras más sentidas condolencias a sus familiares. Pepe ya descansa en paz.

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