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Unión Molinense: temporada para enmarcar, final para olvidar

firma_Paco Ayuso

Por segundo año consecutivo, la entidad presidida por Juan Fabrilo Perea conquistó la promoción de ascenso a Segunda RFEF, antigua Segunda B, algo que nunca antes había ocurrido en nuestro fútbol en casi 50 años del Grupo XIII.

Los de Sergio Yufera llegaron a medirse al Olímpico de Totana en una eliminatoria que terminó frenando el sueño del ascenso. Si el Molinense hubiera superado esa ronda, habría disputado la final regional, paso previo a la fase nacional, que en esta ocasión cruzaba con un equipo navarro.

A esto hay que sumar el exitoso regreso de su equipo juvenil a la Liga Nacional, donde arrasó en la competición y quedó campeón. El equipo femenino también firmó una temporada extraordinaria, quedándose tercero en la competición.

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Una gran gestión deportiva con poco respaldo en la grada

La gran gestión deportiva no fue acompañada por la afición. Los horarios por la mañana no ayudaron, incluso a veces muy temprano, como las 11.30, lo que hizo que hasta en partidos importantes y atractivos no se llegara ni al centenar de espectadores.

La cosa mejoró en el último partido contra el Yeclano B, ya con fútbol por la tarde.

En el apartado económico tampoco acompañó el buen hacer de la directiva, ni incluso con un patrocinador como Fini, pues el Molinense necesitaría cinco Finis para tener el presupuesto acorde a las ambiciones y a la población que representa.

El Estadio Sánchez Cánovas, la vida sigue igual

Lo que ya es desesperante para la afición y la entidad es el que un día fue estadio y ahora solo es un campito de fútbol, el peor catalogado de la Vega Media, que no dispone ni de vestuarios ni grada, pues ahí sigue la clausurada grada principal, que no va ni para delante ni para atrás.

Año tras año nos hablan de proyectos, de la Confederación, de derrumbe, pero pasa el tiempo y la reforma no llega. Solo parches, como el obligado cambio de superficie artificial que había quedado muy dañada en la DANA de 2019 y gradas supletorias.

La incomodidad de las instalaciones lo dificulta todo. Ni siquiera pudo jugar aquí el Real Murcia su primer encuentro oficial en la final de la Copa Federación hace dos temporadas, trasladándose el partido al Enrique Roca.

Ahora, con tan solo un aforo de 1.000 espectadores, la promoción volvió a poner el foco en un problema que se arrastra desde hace demasiado tiempo, pues son aforos superiores los que se dan cita en estos partidos.

Visto lo visto, sin visos de una pronta actuación, el que fue en su día estadio de fútbol se quedará por más tiempo como un terreno de juego, y aficionados y Unión Molinense tendrán que seguir su eterno vía crucis en el Sánchez Cánovas.

grada union molinense (1)

Sobredosis de realidad y vergüenza

El Unión Molinense se quedó finalmente sin ascenso a Segunda RFEF tras caer en la eliminatoria definitiva. El golpe deja un final amargo a una temporada histórica, la mejor clasificación del club, pero también una reflexión obligada.

Vergüenza por el estado del Sánchez Cánovas, con casetas en lugar de vestuarios, retales y vallas impropias de un campo que recibe partidos de este nivel. Y realidad deportiva, porque el Molinense se quedó sin ocasiones claras de gol en más de 200 minutos.

Ahora toca reestructurar el proyecto, recuperar afición e identidad, revisar los horarios de mañana que alejaron a la grada y afrontar de una vez la reforma pendiente del estadio. Aun así, toca dar las gracias a un equipo que puso al Unión Molinense a la altura de Molina de Segura.

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