CULTURA

Hace 10 años: un relato en la Molina de Segura del futuro

RELATO | Por Paco Tortosa

Firma paco tortosa

Texto de ficción en forma de diálogo. Paco Tortosa imagina un reencuentro en la huerta de Molina de Segura y, a partir de esa escena, proyecta cambios sociales y cotidianos en un futuro cercano. Primera entrega de una serie.

Quedaban unos pocos kilómetros para llegar a Molina de Segura. Antonio venía del aeropuerto de Alicante. El aeropuerto de Corvera seguía sin funcionar. Habían propuesto desmantelarlo. Su mantenimiento era ruinoso.

Antonio volvía de Guatemala. Años de voluntariado. Proyectos desarrollados. Combatiendo la pobreza, la opresión, la esclavitud.

Jesús esperaba en la Rejullaera, un local entre la huerta y el pueblo, hace tiempo que dejó de llamarse ciudad, afortunadamente, para bien de sus habitantes. Su salud ya no le permitía ir a esperar a Antonio. Pero este conocía muy bien el lugar de la cita, aunque hacía diez años que no se habían reunido allí.

Logo

El local no había cambiado mucho. Un amplio jardín dividido en pequeños reservados separados por setos naturales hechos con romeros y cipreses para dar un poco más de intimidad. Todo había crecido. Algunas fuentes de agua cantarina aportaban el fondo musical. Un frescor agradable lo impregnaba todo.

Cuando Antonio apareció, Jesús no se movió. Solo sus ojos dejaron ver un ligero brillo, una chispa que irradiaba lo que las palabras no pueden describir. Antonio se acercó, levantando la mano para que su amigo no se levantara y se agachó para abrazarlo.

Sentados uno frente a otro. Una ollita de café de huerta entre ellos. Se miraban, sonreían, callaban. Su conexión era así, no necesitaban hablar. Las miradas lo decían todo.

Antonio, mirando fijamente a Jesús, que sentado en su silla de ruedas le devuelve la mirada, le pregunta:

—¿Y esto? ¿Qué te pasa?

—Se acabó correr por las montañas —respondió Jesús, sonriendo.

—¿Y te ríes?

—¿Qué puedo hacer?

—Yo no me reiría.

—Ya me conoces. Siempre busco el lado bueno.

—¿Y cuál es?

—Tengo más tiempo.

—¿Más tiempo? —Antonio miraba seriamente a su amigo.

—Más tiempo para observar, ver, analizar, aprender.

—Hombre, visto así.

—Es el lado bueno.

—Claro.

Estuvieron un rato en silencio. Y Antonio, abriendo sus manos frente a su amigo:

—Pero, ¿hay alguna cura?

—Seguro que sí —respondió Jesús—. Pero no les conviene. Esta enfermedad la sufren pocos y no le van a sacar muchos cuartos. Así que pasan. Es una de esas enfermedades raras.

—Pero me han informado de una empresa estatal de medicamentos.

—Es cierto. Esa empresa está empezando. Las intenciones son buenas, pero le falta andar mucho camino. Se va a acabar la dependencia de las farmacéuticas, aunque todavía falta un poco. Todo se andará. Tal vez no me llegue a mí, pero llegará.

—Esas empresas farmacéuticas nos ven solo como clientes. Espero que estos cambios empiecen a dar frutos.

Y le dio un sorbo a su café.

Antonio, unos minutos después, tomó la palabra y le dijo a Jesús:

—Tuvisteis otra DANA, ¿verdad?

—¿Otra? Bromeas. Tenemos hasta tres al año. A cada cual peor. Y siempre sufren los pobres. En el 2029 murieron casi trescientos. La mayoría por bajar a salvar su coche. Eso lo produce la pobreza. Si no vas a poder comprar otro coche, no podrás trabajar. Así que arriesgas tu vida aunque sea por una chatarra. O te morirás de hambre, o no podrás con las deudas.

Logo

—Tienes razón —dijo Antonio, mientras movía el café de olla y servía en las dos tazas.

Bebieron y disfrutaron de aquel sabor que surgió de la pobreza y se había convertido en un deleite sin cafeína, sin azúcar y sin porquerías. Solo naturaleza pura. Les envolvía el aire limpio de la huerta.

Hasta las luciérnagas habían vuelto.

—¡Qué limpio y agradable todo! —dijo Antonio.

—Sí —respondió Jesús—, hemos limpiado la huerta. En las terrazas ya no se fuma. Casi no se fuma en la calle. A la mayoría de los fumadores les da vergüenza hacerlo en público. Las mascotas hacen sus cositas en sus casas, y si no pueden retener, salen con pañales. Ya no hace falta pasar con mangueras todos los días limpiando la suciedad de las mascotas. Ahorramos agua. Pagamos menos en basuras. Las calles están más limpias y huelen mejor. La ley de sanidad se ha puesto muy seria. Aunque aún queda mucho por hacer para que nuestras calles se parezcan a las de Suiza.

—Me alegro —asintió Antonio.

—Aún nos falta educación y, sobre todo, asimilar y tomar conciencia de una vez que todo lo público es nuestro, que lo pagamos nosotros, que nada es gratis. Y cuando seamos capaces de concienciarnos de verdad, nos daremos cuenta de que con el mismo dinero que hoy en día pagamos en impuestos se pueden conseguir muchas más cosas.

—Claro. Es cuestión de educación y de respeto a lo público, tanto de los ciudadanos como de los gestores políticos.

—Por supuesto. Los gestores políticos van aprendiendo que están para servir a la ciudadanía y para maximizar la gestión de los recursos. Y es algo que van asimilando, aunque, como en todo, aún falta para ponernos al nivel de países más avanzados, democráticamente hablando.

—Y la educación concertada y privada, ¿ha cambiado en estos años?

—Sí. La concertada ya no existe, porque allá donde hace falta un colegio, se construye uno público. Y en cuanto a la privada, que sigue existiendo para aquel que quiera o pueda pagarla, ahora no pueden dar titulaciones. Todos los alumnos de las privadas tienen que pasar un examen público para obtener la titulación. Hemos conseguido que ya no se regalen títulos por el simple hecho de poder pagarlos.

—Entonces ya no habrá tanta gente en la educación privada, ¿verdad?

—No. Ya hay menos colegios y universidades privadas. Hemos conseguido que la educación pública vuelva a tener el prestigio que se merece. Y se ha vuelto a dar valor a todas las asignaturas de humanidades que tanta falta nos estaba haciendo en nuestra educación y democracia.

—Me alegro, porque hace años me llegaron noticias de que la juventud de aquí añoraba el régimen de la dictadura. Espero que haya cambiado.

—Sí, eso pasó. Y es un tema largo que nos regala la excusa perfecta para volver a vernos delante de otra ollita de café.

Continuará…

Seguiremos imaginando.

El autor invita a los lectores a escribir a la dirección de correo o enviar un mensaje.
Gracias por leer.

■ Paco Tortosa

La Tina de Cosas // C/Antonio Lacarcel, 9 Molina de Segura. // 968711363 – 616759560 // latinadecosas@gmail.com

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba
anuncio 125
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Puedes revisar nuestra Política de Privacidad aquí