De una infancia marcada por la pérdida a cumplir el sueño de escribir: la historia de Dorinda Domínguez

Vecina de Molina de Segura desde 2019, Dorinda Domínguez acaba de cumplir 77 años y está a pundo de vivir uno de esos momentos que llevaba esperando prácticamente toda una vida: ver su historia convertida en un libro. La vida en las manos recoge un recorrido vital marcado por la pérdida, la emigración, el trabajo, la familia y la capacidad de comenzar de nuevo. A pocos días de su presentación en Molina, nos hemos acercado a Dorinda para conocer cómo afronta este momento y qué significa para ella tener, por fin, su historia entre las manos.

El próximo 24 de septiembre, a las 19:30 horas, la Biblioteca Municipal Salvador García Aguilar de Molina de Segura acogerá la presentación de La vida en las manos. Pero detrás de esa cita hay mucho más que la llegada de un nuevo libro. Hay una vida entera y un deseo que Dorinda asegura haber guardado desde que era pequeña.
Cuando le preguntamos por qué ha decidido contar ahora su historia, su respuesta nos lleva directamente hasta ese sueño pendiente:
«Desde que tengo uso de razón siempre quise escribir mi historia. Siempre pensé que era una historia especial, distinta».
Décadas después, aquel deseo ha terminado convirtiéndose en un libro.
Una infancia marcada por la pérdida
La conversación con Dorinda y la lectura del prólogo de La vida en las manos permiten acercarnos mejor a unos primeros años especialmente difíciles.
Dorinda nació en Corbelle, una aldea gallega, y quedó sin sus padres cuando apenas tenía tres años. Esa pérdida continúa muy presente cuando le preguntamos cuál ha sido el momento más difícil de revivir durante la elaboración de su historia.
«Lo más difícil fue el comienzo, que es la etapa más triste de mi vida. Al quedar sin padres con tan solo tres años, eso es muy difícil de superar en la vida».
Aquel no sería el único gran cambio de su infancia. Según relata Josefina Mengual Montalbán en el prólogo de la obra, Dorinda fue enviada a Buenos Aires cuando tenía nueve años, iniciando allí una nueva etapa de su vida ligada a una tía a la que hasta entonces nunca había visto y a un entorno familiar que le resultaba desconocido.
Ella misma resume aquella marcha desde la mirada de una niña que no tenía posibilidad de decidir:
«A Argentina me fui de muy niña y no tuve opción de elegir si era bueno o no para mí».
Muchos años después, el regreso a España sí sería una decisión propia. Una diferencia que marca dos momentos muy distintos de su trayectoria: primero, un viaje decidido por otros; después, la posibilidad de escoger por sí misma el camino de vuelta.
Molina, la tranquilidad de sentirse cerca de los suyos
Ese largo recorrido acabaría llevando a Dorinda hasta Molina de Segura, donde reside desde 2019.
Cuando hablamos con ella sobre lo que ha supuesto esta etapa, sus palabras transmiten sobre todo tranquilidad y arraigo.
«En Molina me encuentro en paz y a gusto. Tengo actividades y conozco mucha gente de mi edad. Y, sobre todo, estoy cerca de mis hijos, mis nietos y mi biznieta».
Molina se ha convertido así en el lugar desde el que afronta un nuevo capítulo de su vida: compartir públicamente una historia que durante décadas perteneció a sus recuerdos y a su entorno más cercano.
«Toda mi historia es para contarla de principio a fin»
Cuando le preguntamos qué parte de su vida necesitaba contar, Dorinda no selecciona un episodio concreto.
«En realidad toda mi historia es para contarla de principio a fin».
Y quizá sea ahí donde se encuentra una de las claves de La vida en las manos. No se trata de un único acontecimiento, sino de todo un recorrido: la infancia, la marcha a Argentina, el trabajo, la familia, las dificultades atravesadas y la capacidad de volver a empezar.
El prólogo escrito por Josefina Mengual Montalbán ayuda además a comprender cómo esa memoria fue transformándose en relato. Josefina explica que fueron necesarias muchas conversaciones con Dorinda para reconstruir recuerdos, personas y etapas que el paso del tiempo había ido dejando atrás.
Su papel ha sido el de escuchar, ordenar y trasladar al papel una vida narrada por su protagonista, dando forma escrita a los recuerdos de Dorinda.
Las manos de Dorinda y las manos de Josefina

Y es precisamente ahí donde el título del libro cobra todavía más sentido.
En el prólogo, Josefina convierte las manos de Dorinda en una imagen que atraviesa toda su existencia: manos de trabajo, de cuidados, de crianza, de sacrificio, de resistencia y también de nuevos comienzos.
Son las manos de una mujer perteneciente a una generación en la que muchas tareas, dentro y fuera del hogar, formaron parte de una vida de esfuerzo que no siempre fue reconocida.
Pero el simbolismo va todavía un poco más lejos.
Josefina explica que, durante el proceso de creación del libro, asumió de alguna manera el reto de prestar sus propias manos para poner por escrito aquello que Dorinda necesitaba contar.
De este modo, las manos de ambas terminan encontrándose en las páginas: las de Dorinda, que vivieron la historia; y las de Josefina, que ayudaron a convertir esa memoria en palabras y a hacerla llegar al lector.
Por eso La vida en las manos acaba siendo mucho más que un título. Las manos se convierten en el hilo que une la vida vivida, la historia contada y a quien ahora se acerca a leerla.
Cumplir un sueño a los 77 años
Hay algo más detrás de la publicación de este libro que resulta difícil pasar por alto.
Dorinda cunplió 77 años el pasado 15 de Agosto y acaba de hacer realidad un proyecto que, según nos cuenta, la acompañaba desde niña.
Por eso le preguntamos qué diría a aquellas personas que alguna vez han pensado que ya es demasiado tarde para empezar algo nuevo.
Su respuesta no necesita demasiadas palabras:
«Que no se rindan nunca. Que siempre hay que luchar por todo aquello que se quiera conseguir».
En su caso, esas palabras encuentran ahora un reflejo muy concreto. La vida en las manos llega después de muchas décadas, demostrando que la edad no tiene por qué poner fecha de caducidad a los proyectos personales ni a los sueños pendientes.
A veces simplemente necesitan encontrar su momento.
Contar para que otros también se atrevan

También quisimos saber qué espera Dorinda que encuentre el lector cuando termine la última página.
Su respuesta vuelve a mirar más allá de su propia historia:
«Me gustaría que se sientan bien. Que piensen que hay muchas personas con historias muy tristes y que quizá no se atreven a contarlo por miedo al qué dirá la gente o por no sentirse juzgados».
Tal vez esa sea otra de las razones por las que este libro ha terminado viendo la luz: poner palabras a experiencias que durante demasiado tiempo pueden permanecer guardadas por miedo, vergüenza o temor al juicio de los demás.
Dorinda ha decidido contar la suya.
El 24 de septiembre, encuentro con los lectores en Molina

La vida en las manos será presentado el próximo 24 de septiembre, a las 19:30 horas, en la Biblioteca Municipal Salvador García Aguilar, situada en la avenida del Chorrico, 44, de Molina de Segura.
Será el momento de compartir públicamente una historia que ha necesitado muchos años para llegar hasta las páginas de un libro y también de celebrar un sueño largamente esperado.
Después de hablar con Dorinda y acercarnos a su historia, queda una idea especialmente presente: la edad no tiene por qué marcar el momento en el que dejamos de perseguir aquello que deseamos.
Dorinda tiene 77 años. Su sueño tuvo que esperar mucho tiempo, pero finalmente ha llegado.
Y ahora, de una forma casi literal, puede sostenerlo entre sus propias manos.




