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Redes sociales: una ventana que no siempre muestra la realidad

Las Redes Sociales muestran solo una parte de la vida de quienes las utilizan. La comparación, los modelos de belleza y la exposición personal pueden alterar nuestra percepción de la realidad.

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Alejandro Bernal

Las redes sociales forman parte de nuestra vida cotidiana. Abrimos Instagram, TikTok o cualquier otra plataforma y, en cuestión de segundos, nos encontramos con cientos de imágenes de personas «aparentemente» felices; cuerpos perfectos, viajes increíbles, éxitos profesionales y vidas que parecen no tener ningún problema. Sin embargo, detrás de esa pantalla existe una realidad mucho más compleja que no siempre podemos ver (o no queremos ver). En mi opinión, el problema comienza cuando olvidamos que las redes sociales muestran solo una pequeña parte de la vida de los demás y empezamos a compararla con la nuestra.

Los ideales de belleza y la comparación constante

Uno de los mayores peligros son los ideales de belleza que aparecen constantemente en las redes. Fotografías retocadas, filtros, maquillaje, poses estudiadas y, en ocasiones, incluso cuerpos modificados digitalmente que crean una imagen de perfección que resulta prácticamente imposible de alcanzar. Al observar continuamente estas imágenes, podemos llegar a pensar que nuestro aspecto no es suficientemente bueno y esa comparación puede afectar a nuestra autoestima y hacernos sentir inseguros con nuestro propio cuerpo.

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Algo parecido ocurre con las experiencias que las personas comparten. En las redes vemos fiestas, viajes, celebraciones, nuevos trabajos, logros académicos o momentos de felicidad… Rara vez vemos los fracasos, las discusiones, los días aburridos o las preocupaciones que existen detrás de esas fotografías. De esta manera, terminamos confrontando nuestros peores momentos con los mejores momentos de otras personas. Pensamos que todo el mundo está disfrutando más que nosotros, que consigue más cosas o que tiene una vida mucho mejor, y esa constante comparación puede generar frustración, tristeza y una sensación de fracaso que no tiene por qué relacionarse con la realidad.

Mostrar la vulnerabilidad también genera reacciones

Sin embargo, no todas las personas utilizan las redes para mostrar una vida perfecta. También hay quienes deciden compartir sus inquietudes, sus problemas, sus inseguridades o sus momentos de tristeza y/o debilidad. Dichas publicaciones suelen generar reacciones muy diferentes. Algunas personas critican duramente a quienes muestran su lado más vulnerable, acusándolos de buscar atención o de hacer públicos asuntos que deberían permanecer en privado. Pero, al mismo tiempo, estas personas también encuentran un público que las sigue y que se siente atraído por su contenido. Es más, se ven reflejadas en sus experiencias y encuentran consuelo al descubrir que no son las únicas que atraviesan determinadas dificultades. Otras, simplemente, sienten curiosidad o incluso morbo ante la posibilidad de conocer la parte más íntima de la vida de alguien (es como espiar con permiso).

La importancia de lo que compartimos

Esto demuestra que las redes sociales tienen una doble cara. Pueden hacernos sentir peor al mostrarnos una realidad aparentemente perfecta, pero también pueden servir para compartir experiencias reales y crear una sensación de compañía entre personas que atraviesan situaciones parecidas. El problema está, en gran medida, en cómo utilizamos estas plataformas y en cómo interpretamos aquello que vemos. Por eso, deberíamos recordar que las redes sociales no son un reflejo completo de la realidad. Detrás de cada fotografía hay una selección, una decisión sobre qué mostrar y qué ocultar. Y también deberíamos ser conscientes de que todo lo que publicamos deja de ser completamente privado en el momento en que lo compartimos (y eso no es bueno). Precisamente por eso, debemos tener cuidado con aquello que subimos y preguntarnos antes de publicar si realmente queremos exponer esa parte de nuestra vida, si realmente va a servir de ayuda a alguien o le va a perjudicar.

Al fin y al cabo, exponernos constantemente ante los demás puede terminar afectando a nuestra salud mental. Tanto mostrar una vida perfecta como compartir continuamente nuestros problemas tiene consecuencias. Por ello, quizá la mejor opción sea aprender a utilizar las redes con mayor conciencia, recordando que detrás de cada perfil hay una persona real y que ninguna vida es tan perfecta como aparece en una pantalla.

Este artículo fue publicado originalmente en la edición impresa de septiembre de InfoMolina.

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