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La violencia vicaria: una maternidad atravesada por el miedo

No estas loca completa (1)

Mujeres con Nombre alerta sobre la violencia vicaria y el daño que sufren muchos hijos e hijas de mujeres víctimas de violencia de género, una realidad que a menudo resulta invisible y difícil de demostrar.

El Día de la Madre nos invita cada año a reconocer el cuidado, la entrega y el vínculo que une a madres e hijos e hijas. Sin embargo, para muchas mujeres que han sufrido violencia de género, la maternidad no es solo un espacio de amor. También puede convertirse en un terreno donde el agresor continúa ejerciendo control y daño.

Una maternidad atravesada por el miedo. Un miedo profundo y constante, que no termina cuando la relación acaba. Es ahí donde aparece una de las formas más crueles de violencia machista: la violencia vicaria.

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El Día de la Madre no es igual para todas las madres, porque hay violencias que no desaparecen: cambian de forma. Y esta es una de las más dolorosas.

La violencia vicaria es aquella que el agresor ejerce sobre los hijos e hijas con el objetivo de causar el mayor daño posible a la mujer. Se trata de una violencia instrumental: los menores son utilizados como herramientas de control, castigo o amenaza.

No es una realidad aislada ni excepcional. Es una de las expresiones más crueles de la violencia de género, porque golpea donde más duele: en el vínculo entre una madre y sus hijos.

El papel de la madre tras la violencia

Salir de una relación violenta no siempre significa estar a salvo. Cuando hay hijos en común, el vínculo con el agresor continúa, muchas veces impuesto a través de custodias, visitas o decisiones judiciales.

Y ahí empieza otra forma de sufrimiento, cuando aún no se ha reparado el daño anterior.

Muchas madres viven en una alerta permanente:

  • con el miedo constante a que sus hijos sufran daño;
  • con la angustia de ver cómo pueden ser utilizados para hacerles daño a ellas;
  • con la impotencia de sentir que, en ocasiones, el riesgo no se detecta a tiempo.

Ser madre, en estos casos, deja de ser solo cuidar. Se convierte en proteger, vigilar y resistir. En no bajar nunca la guardia.

La maternidad se transforma así en un espacio de resistencia y protección permanente.

La violencia vicaria en la Región de Murcia

En 2025, solo un caso de violencia vicaria fue reconocido oficialmente en la Región de Murcia: una niña de 5 años asesinada por la expareja de su madre en Llano de Brujas.

Pero detrás de ese dato hay miles de situaciones en las que los hijos e hijas son utilizados para dañar a sus madres. Muchas de ellas son invisibles y difíciles de demostrar.

En 2025, los juzgados de la Región de Murcia registraron 7.889 denuncias por violencia de género y más de 7.100 mujeres víctimas, con una tasa superior a la media nacional.

Además, el sistema policial VioGén mantiene más de 5.500 casos activos en la Región, lo que la sitúa entre las comunidades con mayor número de víctimas registradas.

Pero hay un dato que duele especialmente:

  • más de 3.000 casos incluyen menores a cargo;
  • en torno a 90 menores están en riesgo directo de sufrir agresiones por parte del maltratador.

Son niños y niñas que no solo ven la violencia. La sufren. La viven. La arrastran. Y, al mismo tiempo, son el mayor motivo de lucha de sus madres.

En el conjunto de la Región se contabilizaban más de 4.800 víctimas en seguimiento policial, muchas de ellas con hijos e hijas a cargo.

Detrás de estos números hay historias concretas, familias e infancia expuesta a situaciones que no siempre son visibles. Porque la violencia vicaria no siempre deja huellas evidentes, pero sí profundas.

Avances recientes en el sistema judicial

En los últimos años se han dado pasos importantes. Pasos necesarios.

Se ha avanzado en el reconocimiento de la violencia vicaria como una forma específica de violencia de género. También se ha reforzado la consideración de los menores como víctimas directas, dejando atrás la idea de que son meros testigos.

Uno de los avances más relevantes está en la evolución del sistema VioGén hacia su versión 2.0 y en la valoración del riesgo.

Este sistema incorpora indicadores más precisos para evaluar el peligro, incluyendo de forma más clara la violencia vicaria. Se tienen en cuenta:

  • las amenazas hacia los hijos;
  • el uso de los menores como herramienta de control;
  • los indicadores de violencia extrema en el entorno familiar.

Es un cambio necesario, porque reconoce algo que muchas madres llevan tiempo denunciando: que el peligro no termina en ellas.

Proteger a una mujer es también proteger a sus hijos e hijas.

La dificultad de demostrar lo invisible

A pesar de los avances, hay una realidad que sigue generando una profunda frustración en muchas madres: la dificultad de demostrar la violencia vicaria, especialmente cuando se trata de maltrato psicológico.

Una mujer que ha sido víctima de violencia de género conoce bien las señales. Sabe cuándo algo no va bien, cuándo sus hijos e hijas están siendo dañados emocionalmente, manipulados o utilizados.

Lo percibe en sus cambios de comportamiento, en sus silencios, en sus miedos. Pero esa vivencia no siempre encuentra un reflejo claro en el proceso judicial.

Porque el maltrato psicológico no deja huellas visibles. Porque muchas veces ocurre en espacios donde la madre no está presente. Porque no hay grabaciones, ni testigos, ni pruebas “objetivas” que sostengan lo que sí es una realidad vivida.

Y ahí aparece otra forma de desprotección: la dificultad de acreditar el daño.

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A esto se suma que, en algunos procedimientos, todavía persisten enfoques que cuestionan el relato de la madre y desplazan el foco del problema. En ocasiones, se siguen utilizando argumentos que recuerdan a teorías desacreditadas como la llamada “alienación parental”, lo que puede derivar en decisiones que, lejos de proteger, terminan perjudicando a quien intenta proteger a sus hijos.

El resultado es devastador: madres que sienten que no se las escucha, menores cuya situación no siempre se reconoce a tiempo y una violencia que, aunque invisible, sigue ocurriendo.

Lo más paradójico es que para que estos menores reciban atención psicológica es necesario el consentimiento paterno una vez hayan terminado las medidas de protección, si las ha habido. Es decir, el maltratador debe autorizar que un menor pueda ser atendido psicológicamente por el daño que está sufriendo. Es de sentido común que no va a consentir, y ese menor no va a poder ser reparado.

El documental No estás loca

Para comprender esta realidad desde dentro, para poner rostro y emoción a lo que muchas veces se queda en cifras, resulta especialmente recomendable el documental No estás loca, de María Bestar.

Una obra necesaria que permite acercarse a la vivencia de tantas madres protectoras, ayudando a la sociedad a mirar, escuchar y entender. Porque solo cuando somos capaces de ponernos en su lugar podemos empezar a transformar la realidad.

Hablar de violencia vicaria es mirar de frente una realidad incómoda, pero necesaria. Es entender que la violencia de género no siempre termina cuando se rompe la relación.

En una comunidad como la Región de Murcia, donde miles de casos siguen activos y miles de menores están expuestos a esta situación, no podemos mirar hacia otro lado.

Porque hay madres que no solo cuidan. Hay madres que luchan cada día.

Madres que viven con miedo, porque a sus hijos e hijas les roban su infancia y su inocencia, reduciéndolas a pura supervivencia. Madres que conocen de primera mano el maltrato que reciben y que, en muchos casos, no pueden protegerlos como necesitarían.

Si tú, o alguien de tu entorno, está viviendo una situación de violencia, no estás sola. Desde Mujeres con Nombre estamos aquí para escucharte, acompañarte y ayudarte a dar el siguiente paso.

Puedes contactarnos en el 601 50 36 97.

Porque pedir ayuda es el primer paso para protegerte y protegerles.

Firma:
Asociación Mujeres con Nombre de Molina de Segura

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