Misterios sin resolver, Lolita pide justicia desde los muros del Retén

El 18 de febrero de 1926, Lolita Cuenca, primera telefonista de Molina de Segura, fue hallada muerta en su puesto de trabajo por un disparo en la sien. Aunque inicialmente se habló de suicidio, la investigación reveló datos que apuntaban a otra posibilidad. Al cumplirse un siglo del suceso, su muerte sigue rodeada de incógnitas.
La trágica muerte de Lolita Cuenca

Lolita Cuenca, joven y bella telefonista, apareció muerta de un disparo.
Dolores Cuenca, conocida como Lolita, era una joven atractiva (23 años) que sería la primera telefonista de Molina de Segura, natural de la Era Alta, ya había trabajado en Murcia, instalándose en Molina junto a su hermana Emilia, que vivían en la misma central.
Lolita, además de su belleza, simpatía y amabilidad, conducía su propio carruaje, vestía ropa de colores de moda parisina, lo que le hacía despertar grandes envidias.
La mañana del jueves 18 de febrero de 1926 yacía muerta sobre su mesa un telefonema a medio de redactar. Antes, a las 8:40, había llamado el industrial molinense Antonio Albarracín desde Espinardo para contactar con el notario Vicente Bernal. Tras la llamada, Lolita recibía un disparo en la sien con una pistola Browning.


La primera hipótesis: suicidio
Nadie oyó el disparo, pues a esa hora el secretario del Ayuntamiento daba una conferencia en el Teatro Vicente, con lo que apenas había gente por la zona, ya que una conferencia institucional de la época era de gran interés general.
La primera hipótesis estaba clara: había sido un suicidio. El disparo se hizo a 20 centímetros, trasladando el cuerpo de Lolita al cementerio de Molina para hacer la autopsia. Se escribió mucho sobre el tema en la prensa de la época. Emilia, hermana de Lolita, declaró a la Guardia Civil que no tenía motivos, ni la pistola era suya.
Sin embargo, la investigación dio un giro, pues Francisco Cayuela, conocido como el Cubano, sería visto por el sereno a las 9:50 saliendo de la central. Por otro lado, este había sido requerido por su jefe para que acudiera a ella. Tenía mucha prisa; sin embargo, se encontraron tres cigarrillos que se había fumado. Francisco Cayuela reconoció que la pistola era suya.

La investigación judicial y la exhumación

Así, el juzgado de Mula que instruía el caso, determinó prisión para Francisco Cayuela, trasladándolo a la cárcel de la misma localidad. Las siguientes noticias habría que esperar dos meses, cuando en abril de 1926 se produjo una exhumación del cadáver de Lolita, para determinar la distancia del disparo.
La nueva autopsia, que comenzaría a las tres de la tarde, finalizaría pasadas las ocho, y se afirmó que el disparo se produjo a más distancia de los 20 centímetros, con lo que quedó descartada la hipótesis del suicidio.
No se supo más hasta octubre, cuando se personó en Molina el juez Fulgencio Meseguer para seguir con las diligencias de los disparos, mientras que Francisco Cayuela seguía cumpliendo cárcel en Mula.
La sentencia y el regreso a Cuba

Hubo que esperar a mayo de 1927 para que el juzgado resolviera. Se pedía una pena de 6 meses para el Cubano (Francisco Cayuela) por tenencia de armas y 12 años por el asesinato, pero las faltas de pruebas determinaron finalmente que Francisco Cayuela no la mató, sino que simplemente se le podía acusar de inducción al suicidio al prestarle la pistola. Tras 15 meses de cárcel, quedó libre y regresó a Cuba.
El eco de Lolita sigue vivo en Molina de Segura
¿Suicidio o asesinato? Como marcaba la prensa de la época.
Lo único que es cierto es que aquel edificio de telégrafos, después biblioteca y puesto de la Policía Local, ya derruido, pero en su nueva edificación, el Retén, aún se huele a tabaco de los cigarrillos de Lolita Cuenca, como así aseguran los trabajadores del centro.
Incluso dicen que se oyen ruidos. Nadie fuma allí; sin embargo, cuando por la mañana abre el centro, huele a tabaco, los cigarrillos de Lolita Cuenca, que hace llamar la atención, porque sigue pidiendo justicia y que se siga investigando su muerte.
Pero Lolita no entiende que el próximo 18 de febrero se cumplirán 100 años de aquella mañana que yació sobre su mesa de un disparo. Nadie pagó por ello.




